12.- Traga mi aliento, toma lo que es mío. Te lo doy todo (Wolves without teeth - Of Monster and Men)
—Jota, deja ya de acosar a la mesera.
Jaden apretó los labios.
—No la estoy acosando, ¡ella me ha estado acosando a mí! —exclamó en su defensa—. Estuvo mirándome fijamente por treinta minutos enteros, ahora simplemente le estoy dando una cucharada de su propia medicina.
Patrick soltó una carcajada al otro lado de la pequeña mesa.
—Déjala —insistió—, creo que le gustas y por eso te estaba mirando, para ver si es recíproco. Mirarla fijamente le dará el mensaje equivocado.
Jaden frunció el ceño y se sonrojó, apartando la mirada tan de prisa que su cabello verde brillante, ahora corto, se movió por completo de forma cómica.
—¿Tú crees?
El treintañero frente a ella se encogió de hombros y Jaden se dio cuenta que ese día cada vez que miraba a Patrick, no podía evitar mirar su boca y pensar en tocar la barba de tres días que lucía bastante atractiva en él.
—Es una posibilidad bastante plausible—dijo el semi barbudo—. Te ves especialmente atractiva esta noche.
El sonrojo en el rostro generalmente-pálido de Jaden amenazó con volverse permanente. La chica se mordió el labio con nerviosismo y evitó la mirada cálida de Patrick, su cita.
—Solo es un viejo vestido, pero gracias.
Se encontraban en un restaurante de lujo, lo más cerca del puerto que había estado jamás, varias semanas después. Y ya que Patrick le había enviado fotos a Jaden del lugar al que irían, ella había optado por usar un vestido elegante que le habían regalado un par de años en el pasado. La verdad era que nunca lo había usado antes y cuando finalmente tuvo humor para vestirse (ya bastante tarde, la verdad), se dio cuenta que le quedaba algo corto y que no tenía mangas y eso le incomodaba. El n***o la hacía ver más pálida pero elegante, y combinaba con el color de su cabello, así que de todos modos lo usó. No era como si realmente a ella le importara demasiado mostrar o no mostrar piel. La cuestión era el contacto físico, aunque cada vez le tenía menos miedo, aún le preocupaba.
—Me encantó la carne —comentó Jaden, cambiando el tema—. Creo que nunca le había dado realmente la oportunidad. Estaba bastante buena.
Él asintió repetidas veces, de acuerdo.
—En definitiva. La carne a tres cuartos es mi favorita y en este restaurant en específico la hacen excelente.
Ella arqueó una ceja.
—Oh, no sabía que habías venido antes.
Patrick se removió incómodo en su asiento y se rascó la parte de atrás del cuello.
—Eh, digamos que conozco a la hija del dueño.
Jaden frunció el ceño, pensando porqué se veía tan sospechoso e incómodo diciendo eso. Cuando su mente estaba a punto de hacer click, la mesera se acercó a retirar los platos. Jaden alzó la vista hacia la muchacha de cabello castaño y descubrió que en lo primero en que se fijaba de las personas era en los dientes, y la muchacha entre tomar sus pedidos y sus sonrisas, le había mostrado unos dientes bastante bonitos, aunque pequeños.
—Tienes lindos dientes —comentó Jaden sin pensarlo. Cuando las palabras salieron de su boca se arrepintió de inmediato y se palmeó la frente, avergonzada. La mesera soltó una risita nerviosa y se mordió el labio.
—Gracias, me gusta tu cabello.
La peliverde miró a Patrick en busca de ayuda, pero él se veía claramente divertido y sin indicios de querer intervenir. Jaden suspiró y asintió en silencio, sin querer seguir la conversación. Patrick por otro lado, solo sonrió y estiró su brazo a través de la mesa hasta alcanzar con su mano la mano izquierda de Jaden. Le apretó los dedos un poco con gentileza y le sonrió con cariño.
—¿Qué quieres de postre?
—En realidad, no quiero azúcar hoy.
Patrick asintió en acuerdo.
—Entonces ¿de qué tienes ganas?
A Jaden por primera vez en un tiempo se le pasaron algunas respuestas bastantes subidas de tono por la mente y esto la hizo avergonzar por enésima vez en la noche.
—Tengo ganas de emborracharme por primera vez —confesó Jaden—, pero no puedo tomar alcohol por el tratamiento, entonces mis opciones están limitadas.
La mano de Patrick se sentía increíblemente cálida y aunque de forma inconsciente estaba esperando al momento de sentir algo negativo al respecto, se dio cuenta de lo mucho que disfrutaba el contacto de piel con piel. Tanto, que por un instante tuvo ganas de desnudarse y probar si se sentía así en absolutamente todo el cuerpo. Tenía tanta curiosidad al respecto que por un segundo perdió el hilo de la conversación.
Era la necesidad de cercanía lo que hablaba por ella.
—Bueno, me alegra que estés consciente de tus pequeñas limitaciones —reconoció Patrick, sintiéndose orgulloso—. ¿Qué tal si vamos a la piscina?
Jaden frunció el ceño, claramente confundida.
—¿Piscina de noche?
Lo vio encogerse de hombros, despreocupado y luego sonriendo, mostrando todos los dientes.
—En donde vivo hay una piscina climatizada en el sótano del edificio. Podemos ir si quieres, no es muy lejos.
Ella se rió.
—¿Y por qué no se te ocurrió esa idea antes para así comprar un traje de baño o algo?
Él apartó su mano de la de Jaden con gentileza y se sentó erguido en su silla, una sonrisa socarrona tirando de sus labios.
—Podríamos nadar desnudos.
A Jaden no podía importarle menos.
—Genial, entonces vámonos ya.
Patrick se estaba desternillando de la risa mientras salían del restaurante, tropezando con sus propios pies por los nervios que le causaba que a Jaden le importara tan poco su propia desnudez. Patrick tenía suficiente pudor por los dos y se dijo a sí mismo que no había sido un comentario mal intencionado, sino más bien había sido un acto reflejo de coquetería que no salió como esperaba. Aunque tomar en serio su comentario habría escandalizado a cualquier mujer, Jaden estaba lejos de ser cualquiera.
—Te lo repito, Jota, era un chiste.
Ella lo miró confundida desde el asiento del copiloto, estaban en el auto de Patrick, un todoterreno n***o un poco estropeado. Jaden intentó ignorar que el auto era bastante parecido al del padre de Onex y mejor se concentró en lo bien que olía la colonia de Patrick. Le daba ganas de cerrar los ojos.
—¿Entonces no iremos a nadar en el agua tibia de tu piscina?
Él encendió el auto y se rió otra vez.
—Sí iremos a nadar, pero no nadaremos desnudos. Te compraré algo de camino para que nades y así no dañes el vestido con el cloro de la piscina.
Ella seguía pensando que era innecesario, pero se encogió de hombros y sacó de su pequeño bolso una tarjeta de crédito y la puso en el muslo izquierdo de Patrick, dejando en claro que él no le compraría nada. Él solo se rió y asintió.
La noche estaba inesperadamente cálida para ser mediados de otoño, la luna estaba muy brillante y a Jaden le encantaba estar tan arriba. Desde el segundo piso de una casa era imposible apreciar las estrellas y la luna bien, teniendo como obstáculo toda la luz eléctrica de la ciudad. Pero Patrick no vivía en un segundo piso, vivía en el piso 23.
—Hace mucho que no estaba en un piso superior al tres —comentó Jaden, mirando hacia el cielo a través del ventanal—. Bueno, supongo que porque la última vez que estuve en el piso tres, llegué a planta baja, pero de culo.
Patrick intentó reirse del chiste sombrío, fallando totalmente. Le preocupaba a veces ese sentido del humor de Jaden.
El apartamento de Patrick si bien era pequeño, tenía todas las comodidades para un soltero como él. Y aunque a Jaden le estresaba un poco ver que no era tan organizado como se lo había imaginado, logró enfocarse más en lo que había fuera de la ventana y no dentro, y de esa forma evitó ponerse a acomodar los libros esparcidos en la mesa de café y la ropa limpia que estaba apiñada en una silla.
Habían pasado velozmente por un centro comercial de camino al edificio y Jaden había aprovechado para comprar dos litros de helado y maní, además de un traje de baño verde obscuro que sostenía en su mano derecha. Era extraño pensar que iba a intentar nadar después de tanto tiempo, pero no quería echarse para atrás frente a Patrick.
—Por favor, no abras la ventana —escuchó decir a Patrick a sus espaldas—, no me gusta que se meta la brisa fría de la noche. Voy a cambiarme y bajamos. Espera un momento.
Jaden frunció el ceño hacia la ventana.
—¿Vas a dejarme a solas con un ventanal en el piso 23?
Escuchó la risa de Patrick amortiguada por la pared que les separaba y justo cuando se giró en dirección a su risa, lo vio asomarse. Se había quitado la camisa y estaba sonriendo.
—Sé con certeza que antes de morir quieres nadar esta noche conmigo —se encogió de hombros—, y bueno, el ventanal seguirá allí toda la noche.
Ella sonrió y lo miró fijamente.
—La verdad, solo quería verte sin camisa. Técnicamente, ya he cumplido mi cometido —comentó distraídamente y tomó con su mano izquierda el seguro del ventanal sin dejar de mirar a Patrick—. Y no te ves tan mal.
Él se rió otra vez y salió por completo de la habitación, tenía la camisa que se acababa de quitar en la mano. Miró su propio abdomen y negó repetidas veces con un gesto.
—No hago casi ejercicio, solo soy medio flaco. No me intentes subir el autoestima.
Caminó hasta estar frente a Jaden y le dio un abrazo.
Fue tan repentino que Jaden se quedó inmóvil por completo y sintió que cumplió treinta años en los brazos de Patrick. Cerró los ojos y se dejó apoyar en el hombro de él, la piel caliente de su hombro contra la piel fría de la mejilla de ella. Eran casi del mismo tamaño y por un segundo ella deseó ser más pequeña para sentir la piel expuesta de Patrick en más lugares al mismo tiempo. Dejó caer lo que tenía en la mano al suelo, dejó el seguro del ventanal, y rodeó la espalda del treintañero con más fuerza de la que pretendía en primer lugar.
Ella tenía los brazos desnudos y sentir la piel caliente de la espalda de Patrick solo la hizo curiosa. Después de dudar varias veces hasta darse cuenta que él no iba a apartarse, apartó un poco los brazos y tocó la espalda desnuda de hombre que tenía a su disposición. Primero tímidamente, apenas rozando la piel con la punta de sus dedos. Trazó el largo y el ancho de la espalda de Patrick. Él se estremeció, pero no se apartó ni dijo nada.
Hacían muchos años que no tenía ese tipo de contacto tan cercano con la calidez de una persona. Y se dio cuenta de pronto que quizás era una de las cosas que había extrañado como loca, el contacto físico que no lastimaba.
—¿Te estoy lastimando? —preguntó Patrick en un susurro cuando pasaron diez años y seguían abrazados y Jaden había detenido de pronto sus manos.
Negó con la cabeza en respuesta.
—No, no entiendo por qué ya no me duele que me toques, pero no me voy a quejar ahora.
Él suspiró.
—Creo que antes estabas tan a la defensiva después de salir del centro psiquiátrico que obligaste a tu cuerpo a tener reacciones fuertes cuando alguien invadía tu espacio.
Ella asintió, eso tenía algo de sentido. Apartó de inmediato sus pensamientos del centro psiquiátrico.
—Es muy irónico —comentó Jaden—, porque ahora solo pienso en cómo cederte al menos el 51% de las acciones de mi cuerpo sin que suene a que te vendo mis órganos o que te ofrezco tener sexo.
Patrick se rió y a causa de la cercanía, ella sintió las vibraciones de su risa en el pecho y el estómago.
—Perdón —susurró ella con los ojos cerrados—, estoy pensando en voz alta y con las hormonas más que con las neuronas. Mejor bajemos a nadar.
Pero ninguno de los dos se movió.
En el silencio del apartamento tipo estudio casi vacío, se quedaron abrazados sin moverse por minutos hasta que Patrick no aguantó tener las manos quietas en la espalda de Jaden y las subió poco a poco hasta llegar a la parte posterior del cuello. Inclinó la cabeza ligeramente y escondió la nariz en el cuello de Jaden, respirando su aroma.
—Hueles delicioso.
Ella se estremeció un poco y resistió el impulso de apartarse cuando sintió un pequeño corrientazo en el cuello. Solo respiró hondo y mantuvo la calma, agradeciendo en silencio a Alessia el haberla animado a cortarse el cabello el día anterior.
Patrick no estaba pensando muy claramente, solo estaba actuando de acuerdo a lo que quería y por eso apartó los mechones verdes que terminaban a la altura de la barbilla de Jaden, y le besó el cuello. Muy ligeramente, con gentileza.
—¿Delicioso como una carne tres cuartos o delicioso como una torta de chocolate? —se atrevió a preguntar Jaden, que tenía los ojos firmemente cerrados.
Él sonrió, con los labios aún pegados a su cuello.
—Bueno, quizás como una carne tres cuartos y dos tortas de chocolate.
Patrick cerró los ojos cuando escuchó la risa de Jaden, que era un poco ronca y un poco graciosa. Suspiró y se apartó un poco del cuello pálido y ahora cálido de la muchacha. Se dedicó en su lugar a acariciarle el cabello y no por primera vez, pensó en lo mucho que deseaba que se lo dejara de teñir.
—¿Qué estás pensando? —preguntó él cuando Jaden se rió de repente.
Ella seguía teniendo los ojos cerrados pero se estaba riendo mientras acariciaba la espalda de Patrick con la mano derecha y subía la mano izquierda hasta llegar al cabello corto y más o menos suave del muchacho.
—Quiero quitarme el vestido, pero probablemente te volverías loco si lo hago.
Él lo consideró por un momento.
—Bueno, si te lo vas a quitar para ponerte el traje de baño y bajar a la piscina, no me vuelvo loco. Pero si te lo vas a quitar para seguirme abrazando en ropa interior, entonces sí me vuelvo loco. Eso ni lo pienses.
Jaden abrió los ojos entonces y se apartó un poco de Patrick. Lo miró a los ojos, dándose cuenta que en serio eran casi del mismo tamaño, y le dio un beso en el pómulo derecho.
—Está bien, tienes razón —acordó ella—. Bájame el cierre de la espalda para cambiarme entonces.
Se dio la vuelta y él hizo lo que le pidió.
No eran los únicos en la piscina, para decepción de ambos. Había un matrimonio joven sentado en un par de tumbonas al borde de la piscina, y un par de adolescentes jugando a salpicarse.
—Bueno, hay algo que no te he dicho —confesó Jaden cuando se sentó en una tumbona al fondo—. Yo no sé nadar muy bien.
Patrick colocó dos toallas verdes extendidas en la tumbona junto a Jaden y sonrió, inclinándose hacia ella.
—Bueno, ¿entonces qué planeabas hacer en una piscina?
Jaden se encogió de hombros.
—Estar contigo. Habría dicho que sí a lo que sea.
Patrick se sentó frente a Jaden, sus rodillas rozaron las de ella.
—¿Lo que sea?
Ella simplemente asintió. Patrick suspiró y se puso de pie rápidamente.
—Te enseñaré a nadar.
Ella se puso de pie también.
—¿Solo eso?
Él se rió y caminó más cerca del borde de la piscina. Ella no lo siguió. Se quedó de pie junto a las tumbonas, a dos metros de la piscina, estaba descalza y en el traje de baño que había comprado antes, sus brazos cruzados firmemente sobre su pecho.
—Patrick —le llamó—, le tengo miedo al agua.
Él se giró y la miró.
—Yo… desde que Jeffrey murió, no he ido ni cerca de playas, ríos o piscinas.
Patrick asintió en reconocimiento. No podía decir que no lo había visto venir. Caminó de vuelta a ella y la tomó de la mano. Caminaron lentamente hasta el borde de la piscina. Se sentaron uno junto al otro y metieron los pies en el agua.
Jaden tenía el pulso acelerado, pero ella había dicho que haría lo que sea, y quería probarse así misma que realmente podía. Así que respiró hondo y no retrocedió cuando Patrick se metió al agua haciendo un clavado medio defectuoso. El muchacho salió a flote casi de inmediato, unos metros más allá. Nadó con tranquilidad otra vez hasta donde estaba Jaden sentada y tomó sus pies bajo el agua.
—Esta parte de la piscina es poco profunda. Eres alta, así que es imposible que te ahogues.
Habiendo dicho esto, sus manos se movieron de los pies a las rodillas de Jaden, y entonces hasta su cintura. Usó todo su autocontrol en no mirar fijamente las cicatrices pálidas de Jaden ni en la realización de estar tocando su piel por todos lados como nunca.
—Confías en mí, ¿cierto?
Ella asintió, aunque tenía el corazón a mil por hora y estaba aferrada al borde de azulejos tan fuerte que tenía los nudillos blancos. Cuando logró dejar de aferrarse tan intensamente, Patrick la sostuvo con firmeza hasta que estuvo dentro del agua.
—Mantén los ojos abiertos —susurró Patrick—. No los cierres, no pienses en nada.
Ella obedeció, aunque la sensación del agua cubriéndola le asustó y le generó una sensación de angustia. Se aferró entonces a los brazos de Patrick y tragó duro. De pronto le pareció oír la corriente de un río y se asustó tanto que brincó y se aferró a Patrick con los brazos y las piernas. Lo abrazó por encima de los hombros y pasó las piernas alrededor de la cintura del treintañero. Parecía como si pretendiera salir del agua escalando a través de Patrick.
—Tengo miedo, siento que… siento que estoy…
El agua le llegaba por los hombros a Patrick y Jaden empezaba a desesperarse. Patrick puso su mano derecha en el cuello de Jaden y la izquierda en su espalda, la acarició intentando confortarla.
—Oye, estás conmigo —susurró en el oído de la muchacha—. Estás conmigo en la piscina de mi edificio, es aquí donde estás, ¿ok? —ella asintió lentamente— Solo estás aquí, así que quédate aquí. Quédate aquí.
Ella estaba consciente de su propio corazón como nunca antes, el cuerpo le temblaba, aunque el agua estaba tibia. Se aferró a Patrick como si fuera un salvavidas, se aferró a él con tanto miedo que él empezó a preocuparse. Apartó la mano izquierda de la espalda de Jaden y con ella se sostuvo del borde de la piscina.
—Jaden, relájate. Si me sigues apretando así me decapitarás.
Se acercó incluso más al borde de la piscina y sentir los azulejos en la espalda, pareció calmarla un poco. Los ríos no tenían azulejos. Liberó su agarre férreo poco a poco hasta que estuvo entre Patrick y la pared de la piscina. Estaban tan cerca que ella no pudo evitar atraerlo por el hombro hasta que estuvieron tan cerca que ella se olvidó que estaba con el agua hasta el cuello.
Subió su mano derecha del hombro y la colocó en el cuello de Patrick.
—No significa nada más que curiosidad, pero voy a besarte.
Patrick se inclinó, obediente, y Jaden finalmente dejó de escuchar el agua chocar contra las rocas en su mente.