11.- No estás solo. Oh oh y ahora estoy donde pertenezco (Green Day - Stray Heart)
Las primeras dos semanas de cualquier tratamiento que incluían antidepresivos fuertes eran las peores, Jaden ya lo sabía. Pero una cosa era saberlo y otra distinta experimentarlo. Había pasado semana y media y se sentía en el borde de su vida, para evitar decir de la muerte.
No era su primera vez, por supuesto. Sin embargo, esto no lo hacía mejor. Su estómago le había declarado la guerra y se había confabulado con su vértigo para ganar cada batalla. Le había costado seguir comiendo con normalidad, ya que había pasado un par de días vomitando y otro par sin apetito en lo absoluto. Patrick la había felicitado por su persistencia.
Patrick… era un asunto peliagudo. Los Marmel (incluyendo a Sheila) habían conversado largo y tendido y el acuerdo al que habían llegado era que la Marmel menor había desarrollado una dependencia a Patrick, por lo que ahora podía verlo solo una vez por semana. No habían hecho un gran escándalo cuando Jaden les dijo de la cita que tendría con Patrick y eso ya contaba como un gran progreso familiar, por lo que la muchacha no quiso presionar mucho al respecto.
—¡Esto es ridículo! —escuchó gritar a César a lo lejos, quien, dicho sea de paso, no hacía más que lanzarle dagas a Jaden con la mirada mientras caminaba en su dirección— ¡Ya va una semana! ¿Hasta cuándo haremos esto? Me congelaré el culo.
Jaden apretó los labios para no soltar una carcajada. Había pasado una semana, pero ver a los chicos del equipo tener que hacer sus entrenamientos usando faldas de porristas era la mejor parte de su terapia y no se hacía viejo. Era tan gracioso como el primer día.
—Ya lo he dicho muchas veces, pero lo repetiré una vez más —intervino el entrenador, entrando a la cancha cubierta en la que hacían un calentamiento previo, cardio y algunos ejercicios de fuerza que no podían realizarse en el hielo—. Si actúas como una porrista chismosa, entonces ¿por qué te va a dar vergüenza vestirte como una?
Esta vez Jaden sí se rió, atrayendo la mirada de todos los del equipo hacia ella. Estaba sentada en una banca a un costado de la cancha observando todo, lamentando no poder fotografiarlos.
—¿De qué te ríes, Marmel? Esto es tu maldita culpa —le acusó César, se veía realmente gracioso con la camiseta del uniforme y usando una falda de porrista color rojo con amarillo, dejando sus piernas peludas al descubierto— Hace frío y tenemos que usar esta trampa mortal porque no aguantas nada.
Jaden se puso de pie de inmediato y él retrocedió un paso, aunque en realidad estaban a tres metros de distancia.
—Mi puño te extraña, sigue hablando a ver quién no aguanta nada —le advirtió la peliverde, cansada de la insensibilidad del tonto frente a ella. Avanzó tres pasos mirando al muchacho fijamente y ya que no había en realidad tanta diferencia de estatura entre ambos era imposible sentirse intimidada a pesar de que el muchacho era un poco más ancho que ella—. Te reto, Menotti.
Ya lo había golpeado la semana pasada, Jaden lo recordaba con placer. Le había dado un puñetazo tan fuerte y tan de sorpresa que el muchacho había caído al suelo con un ruido sordo. El entrenador los había regañado a ambos, pero la muchacha no dijo ni media palabra, solo miraba fijamente a César.
Al igual que la semana pasada, el entrenador intervino y la lucha de miradas terminó, dando inicio al entrenamiento.
Jaden suspiró aliviada, en realidad no tenía fuerzas para golpear a nadie. A penas había conseguido ir al entrenamiento arrastrando los pies esa tarde. Su cuerpo ya estaba agarrando forma poco a poco, pero tenía algunos días que actuaban como baches, retrasaban su progreso físico de pronto y le obligaban a ir más despacio. Había empezado a trotar por las tardes cuando se sentía medianamente bien y Patrick le había sugerido que no lo detuviera porque el ejercicio ayudaba muchísimo al estado de ánimo.
La joven suspiró nuevamente ya sentada otra vez en la banca mientras veía avanzar el entrenamiento. Se sintió algo mal por no poder participar activamente, pero estar allí resultaba más positivo que quedarse en casa sin hacer absolutamente nada más.
Estiró las piernas frente a ella y de pronto sintió unos dedos hundirse con amabilidad en su hombro, demandando atención. En automático, dirigió la mirada hacia el punto correspondiente (a su derecha) y un escalofrío le recorrió la espalda.
Junto a ella estaba sentado un muchacho más o menos en sus treintas, tenía la nariz larga y los ojos hundidos bajo capas de ojeras enrojecidas. Estaba sentado a unos treinta centímetros de Jaden. Estaba vestido de blanco y las manos le temblaban con violencia. La muchacha dejó escapar su respiración en cuanto vio los cortes profundos en sus muñecas o al menos en la que estaba al descubierto desde su ángulo de visión.
—Supe que puedes vernos, pero en serio que pensé que me estaban tomando el pelo.
El tono calmado en la voz del hombre no coincidía para nada con su apariencia y Jaden no entendía por qué demonios toda la gente muerta de la ciudad estaba haciendo fila para hablarle en la semana.
Frunció el ceño y tal y como había tenido que hacer toda la semana, giró el rostro otra vez hacia el entrenamiento, como si no estuviera consciente del muchacho junto a ella. Se inclinó hacia adelante hasta apoyar sus antebrazos sobre sus muslos y miró hacia el suelo unos segundos.
—Debe ser un asco vernos, lo sé —lo escuchó murmurar.
Ella negó casi imperceptiblemente con un gesto.
—¿Por qué diablos me hablan todos los suicidas de Vancouver?
Escuchó reír al muerto, pero era una risa un poco sarcástica.
—Así que sí me ves como cuando me morí —reflexionó—. Entiendo, esto realmente debe ser espeluznante para ti.
Jaden quiso sentarse erguida otra vez y actuar como si nada, pero prefirió quedarse en la posición que tenía, inclinada hacia adelante, el cabello largo y verde cubriendo su campo de visión.
—Está bien, dime lo que tengas que decir y vete, hoy está siendo un día realmente malo.
—Bueno, perdona, solo te traía agua de jamaica tibia para el frío, pero si quieres me voy —al oír la voz de Onex prácticamente frente a ella, se sentó derecha y miró al muchacho. Tenía la camiseta del equipo y una falda de porrista con rayas azules y doradas, mostrando sus piernas que ciertamente no eran flacuchas, pero sí algo pálidas. Como siempre, tenía una sonrisa confundida en el rostro. Y sostenía un envase térmico en la mano— ¿Y bien? ¿Lo quieres o no?
Ella parpadeó y asintió una vez. Él le dio el envase térmico, dio media vuelta y empezó a correr de vuelta al entrenamiento, Jaden no pudo evitar que las esquinas de su boca se levantaran un poco cuando la falda del muchacho se movió y alcanzó ver parte de su ropa interior mientras se alejaba.
—Bueno, me deja tranquilo ver que al menos tienes un amigo —comentó el chico muerto a su lado, quien había observado la escena con detenimiento—. Un punto más a tu favor.
Jaden no se resistió y mientras abría el envase y soplaba un poco antes de tomar del agua de jamaica, giró el rostro hacia el muchacho y lo cuestionó.
—¿Cuáles otros puntos tengo a mi favor?
El s*****a se encogió de hombros.
—Digamos que algunos estamos en plena campaña para evitar más suicidios, ya que nos dimos cuenta que nada ha cambiado y que, de hecho, donde pudimos haber resuelto todo es estando vivos.
Una risita de ironía de escapó de la boca de Jaden.
—¿Los suicidas del más allá hacen campaña para que los suicidas del más acá desistamos y queramos quedarnos en esta basura de mundo? —preguntó sarcásticamente— Mira, pero qué interesante.
El hombre se puso de pie y se estiró.
—Mira, solo no te mueras. Soporta el tratamiento. Te juro por mi vida, eh, bueno por mi existencia, te juro que es mejor que te quedes aquí cuando te toca. Cuando pasas el velo, ya no puedes cambiar nada.
La chica frunció el ceño ante sus palabras y miró hacia las manos del hombre frente a ella, no dejaban de temblar.
—Era adicto a la cocaina —respondió a la pregunta no dicha—, y estoy muerto ahora, pero sigo sintiendo los síntomas de abstinencia. Es la rehabilitación más violenta de la historia. Mi “cuerpo” —hizo énfasis con los dedos mientras hablaba— me dice que la necesito, aunque técnicamente es imposible para mí satisfacer esa adicción ya que en realidad… ya sabes, no tengo cuerpo.
Jaden no soportó el vuelco que le dio el estómago y vomitó a un lado de donde estaba parado el muchacho muerto. Vomitó dos veces y mientras lo hacía, se le resbaló el envase térmico de las manos y se cayó en el suelo, todo el líquido rojo derramándose junto al vómito. Cerró los ojos con fuerza e intentó dejar de imaginarse la situación tan dura y tan horrible a la que este desconocido se había sometido al decidir suicidarse.
Pasados unos segundos, intentó respirar profundo y se recogió el cabello con una cinta elastica que tenía en la muñeca derecha.
—¡Marmel! ¿Estás bien? —escuchó gritar a alguien a lo lejos, escuchó la voz tan lejos que temió desmayarse. Así que se sentó, dándose cuenta que en algún punto se había puesto de pie.
—Escucha, sé que probablemente me veo muy mal y ciertamente no me siento de maravilla —empezó a decir el treintañero muerto que parecía inmutable ante el vómito de Jaden—. Pero Marmel, te juro otra vez que todo lo solucionarás aquí, en este lado en el que aún estás. No pierdas la oportunidad de progresar y crecer. Yo me arrepiento cada día.
Ella hizo una mueca de desconcierto.
—¿Y cuándo voy a descansar? ¿Cuándo se acabará esto? Es insoportable. No quiero estar aquí mucho tiempo más —suplicó Jaden en susurros furiosos, su voz temblando. Estaba al borde de las lágrimas mirando al suelo frente a ella—. No soporto estar aquí, ¿por qué no me dan la opción de salirme de esta vida de…?
—Mira hacia arriba, Jaden —la interrumpió el hombre—, deja de mirar el suelo. Mira hacia arriba y mira a las personas a los ojos.
—¿Jaden? ¿Estás bien? —había cierta alteración en la voz de Onex que Jaden no supo identificar— ¿Con quién hablas?
La chica negó con un gesto y levantó la mirada.
—Tengo el estómago hecho trizas —respondió, su voz temblando. Su respuesta había sonado tan triste y desconsolada que, si no la conocías, habrías pensado que su estómago era su Getsemaní y no todo lo demás.
—Bueno, ¿no es eso declarar lo obvio? —preguntó otra voz de pronto y Jaden sintió un alivio tan dramático recorrerle el cuerpo cuando se dio cuenta que Onex también había oído la voz, que soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo y cerró los ojos otra vez.
—¿Quién eres? —escuchó a Onex preguntar mientras sentía el peso de una mano en la espalda a modo de apoyo.
—Tu amiga está que vomita sus entrañas ¿y me preguntas quién soy? —la voz era femenina, apenas un tono o medio más agudo que la voz de Jaden. La chica le cayó bien de inmediato con este comentario tan osado, por lo que abrió los ojos para observarla—. Ten, tengo pastillas para el vómito conmigo.
Jaden miró a la muchacha y se sorprendió de encontrarse con que la dueña de tan afilado y dominante tono de voz, era tan pequeña de estatura y tenía la piel tan bronceada, que parecía más bien una pequeña Bratz a pesar de que Jaden se había imaginado por un momento que quizás sería una chica alta como ella que quería entrar al equipo.
—¿Por qué tienes pastillas para el vómito contigo? —cuestionó Onex frunciendo el ceño.
—¿Y qué más da? ¿Lo más importante no es salvarle el estómago a tu amiga? —Jaden se dio cuenta que a esta chica no hacía más que contestar preguntas con más preguntas y eso la puso de buen humor de pronto.
Tan de pronto que soltó una risita. Onex la miró extrañado y sorprendido, pero no dijo nada.
La muchacha nueva deslizó su mochila fuera de sus hombros y sacó de ella una botella de agua y le extendió una pastilla blanca ovalada. Jaden tomó la pastilla entre los dedos y la observó de cerca unos segundos, preguntándose si podía tomarla, aunque ya estaba bajo tratamiento. Supuso que no, pero de todas formas se la tomó.
—¿No deberías volver al entrenamiento? —preguntó la desconocida a Onex, que seguía ahí parado sin saber muy bien qué hacer a continuación. La joven lo miró de arriba abajo y soltó una carcajada divertida— O quizás al ensayo. No sé qué están haciendo allí.
Jaden sonrió y dejó que Onex se marchara lentamente de vuelta al entrenamiento, donde todos habían continuado como si no hubiera pasado nada. Luego de ver a Onex incorporarse a los chicos, se giró hacia la muchacha desconocida que ahora había conseguido un trapeador de la nada y estaba limpiando el desastre de Jaden.
—En serio, ¿quién eres?
La muchacha levantó la mirada hacia Jaden y sonrió abiertamente.
—Soy Alessia Menotti.
Si es que quedaba algo de color en el rostro de Jaden, estaba segura que lo había perdido.
—¿Eres hermana de César?
La chica asintió lentamente mientras terminaba de limpiar el desastre en el suelo y se sentaba al otro extremo de la banca de madera.
—Por tu cara, y dado que eres la única chica además de mí en este gimnasio, debo suponer que eres Marmel.
Jaden tragó duro y carraspeó.
—Tu hermano es un imbécil.
Alessia se encogió de hombros y Jaden se dio cuenta que tenía el cabello tan largo como ella, pero castaño.
—Tal vez lo sea, pero es mi hermano mayor —comentó casi distraídamente mirando a los lados y entonces miró a Jaden fijamente a los ojos—. Y ya que eres su enemiga, eso nos hace enemigas a nosotras. Así que espero que tengas guardaespaldas.
Jaden habría palidecido incluso más de ser posible, pero de todos modos se cruzó de brazos y se irguió en su metro setenta delante de la muchacha minúscula frente a ella. La miró a los ojos y entonces de forma inesperada, Alessia rompió a reír desenfrenadamente.
La peliverde parpadeó confundida mientras solo observaba a la chica frente a ella reírse hasta llorar.
Cuando pasaron 5 segundos y la chica seguía riendo, Jaden empezó a enojarse. Apretó los puños y dio un paso al frente dispuesta a golpear a la chica frente a ella que se doblaba sobre su estómago como si hubiera sido testigo de un espectáculo de comedia buenísimo.
—Espera, no la golpees —le advirtió el treintañero s*****a de antes a sus espaldas—. Espera, calma, solo te está jugando una broma. No quiere ser cruel, sólo es divertido para ella.
Jaden gruñó y retrocedió, preguntándose cómo podía él saber eso. Se sentía como que la tal Alessia solo quería humillarla como hacía su hermano ultimamente.
—Era un chiste, Marmel, discúlpame —pidió la muchacha después de secarse las lágrimas—. Es que tenías que ver tu cara. Pensé que me asesinarías. Fue graciosísimo.
—Entonces… ¿no eres hermana de César?
Alessia sonrió, tenía los dientes grandes y un poco torcidos.
—No, me temo que sí soy su hermana menor. El chiste era lo de ser enemigas. Si eres enemiga de mi hermano no es mi problema. Míranos, solo hemos pasado cinco minutos juntas y ya me caes bien.
En este punto, Jaden estaba muy desconcertada. Frunciendo el ceño y tocando su frente con dramatismo, tomó asiento y suspiró.
—Estos humanos van a volverme loca.
Alessia sonrió.
—Oye, no nos culpes por tu locura propia. Ahora ven, párate de ahí y vayamos por un helado.
Jaden arqueó una ceja.
—Está empezando el otoño, hace frío.
Alessia tomó su mochila, la deslizó por sus hombros y empezó a caminar hacia la salida.
—Vamos, vamos, Marmel, ya no quiero ver este entrenamiento. Vayamos a comprar algo para comer o no sé. Ven, no te quedes ahí viéndome. Sígueme, te gustará esto.
Jaden prácticamente empezó a caminar arrastrando los pies.
—Pero-
—Ven, ya tienes que tener amigas mujeres. Los hombres puedes ser arpías a veces.
Dentro de Jaden todo era confuso y estaba sometido a un cambio constante de emociones sin previo aviso. Hacer cosas tan fuera de lugar como marcharse detrás de una desconocida no era algo de su día a día, pero ella quería tener una amiga. Porque nunca había tenido una antes. Así que caminó tras Alessia con paso más o menos firme.
—¡Jaden! —gritó el treintañero s*****a a lo lejos— ¡Jaden, no olvides lo que te dije!
Mientras iba saliendo a la luz solar, Jaden se preguntó cómo es que todos los muertos conocían su nombre.