Oh, sigo con vida

3114 Words
10.- Oh, sigo con vida (Green Day - Still Breathing ) Jaden se despertó sobresaltada al escuchar un grito masculino. “Espera, ¿cuándo me quedé dormida?”, pensó. Parpadeó confundida y se dio cuenta de lo cómoda y cálida que se sentía. Se movió un poco para levantarse, pero le costó porque tenía una gruesa manta cubriéndola hasta la barbilla. Frunció el ceño a la manta, cuestionando de dónde había salido. Miró a su lado y ahí estaba Onex dormido acurrucado junto a ella bajo la manta. Saltó al escuchar una voz masculina prácticamente gritar muy cerca de ella. Se sentó por completo y miró alrededor, la sala estaba totalmente a obscuras y ella y Onex aparentemente se habían quedado dormidos en el sofá. Frunció el ceño dándose cuenta que Onex seguía profundamente dormido, su cara muy cerca de donde había estado la de ella segundos antes. —ONÉSIMO CHARLES VERA TARQUI, ¿QUÉ DIABLOS SIGNIFICA ESTO? Jaden saltó otra vez ante el grito y en el intento de ponerse de pie, se enredó con la manta y cayó al suelo con un golpe seco. Se quejó ante el dolor en el trasero e hizo una mueca. —Papá —murmuró Onex aún acurrucado en su parte de manta—, ¿por qué gritas tanto? ¿no ves que estamos durmiendo? Dios, eres tan desconsiderado con tu único hijo. —Único hijo, párate de ese sofá inmediatamente. No sé en qué estaba pensando al dejarlos solos —dramatizó el entrenador caminando alrededor de la casa. A Jaden le pareció una situación bastante cómica. Y sintiendo el cuerpo bastante descansado, medio sonrió y volvió a sentarse en su parte del sofá, se cubrió con la manta y cerró los ojos— ¡Marmel! Pero ¿qué les pasa? Estoy aquí, párense de ahí los dos. —No estamos en el hielo —le recordó Jaden—, técnicamente no tengo que obedecer. Onex soltó una risita a su lado y se movió más cerca de ella. —Estamos totalmente vestidos —se defendió Onex—, no estamos ni estábamos haciendo nada que no pudiéramos hacer en público. Relájate, mi virtud sigue intacta, Marmel no me quiere. Sin poder evitarlo, Onésimo Vera rompió en carcajadas de inmediato al igual que su hijo. Jaden solo los ignoró y permaneció con los ojos cerrados. Pasaron minutos de total silencio que Jaden estaba disfrutando más de lo que debería. Sus respiraciones estaban acompasadas como nunca antes y su cuerpo se estaba enamorando de la comodidad del sofá y la calidez de la manta y el calor humano del que casi nunca gozaba. —¿Está dormida? —escuchó que susurró el entrenador— Nunca la había visto tan tranquila. ¿Le hiciste algo? —Para nada —respondió Onex también susurrando—. Dijo que estaba cansada y se recostó y se quedó dormida por completo. Como hace frío la cubrí con mi manta y bueno, aproveché de tomar mi siesta también. —No te aproveches de ella, Onex —le advirtió—. Tiene muchas cosas que cargar sobre sí. Las reales y las que la gente se inventa. Así que no hagas nada estúpido. —Te juro que no le hice nada, yo no soy así, no entiendo por qué me sales con esto. Jaden se sintió mal por estar escuchando una conversación que probablemente no debería estar escuchando, pero no abrió los ojos ni mostró señales de estar despierta. —¿Realmente Michelle ha estado diciendo esas cosas horribles de ella? Hubo silencio y Jaden asumió que Onex estaba asintiendo. —Lo siento, papá, sé que debí detenerlo. Solo pensé que no era mi asunto, pero tienes razón, está mal ser indiferente. —Exacto. Por eso los castigaré a todos, incluyéndote. —¡Pero papá-! —¡Chist! —le hizo callar su padre— Vas a despertarla, déjala dormir más. Sé que casi no duerme. Hubo más silencio. —¿Tú sabes lo que le pasó? —preguntó Onex en un susurro pasados varios segundos y Jaden se dio cuenta que de verdad el entrenador no le había contado nada a su hijo. —Sí, hijo, lo sé. Pero no es algo que pueda compartir con nadie. —Lo entiendo —concordó el muchacho—. Hoy… hoy ella me contó algo al respecto o no sé si es lo mismo que sabes tú. Tampoco es mi secreto para repetir lo que me dijo y no lo haré. Pero de alguna forma desde que la he conocido, Jaden me recuerda a mamá. —Se ve muy triste, ¿no? —estuvo de acuerdo su padre— ¿Estar con ella no te hace sentir mal, recordando lo que pasó con mamá? Sé que han pasado años, pero solo lo hemos barrido bajo la alfombra. Jaden sintió a Onex removerse en su sitio y supo que se estaba sentado. —Todo está bien, hoy entendí varias cosas y creo que estoy mejor con esto, ¿tú cómo vas? El hombre suspiró pesadamente. —La extraño como extrañaría las dos piernas si me las cortaran. —Sí, te entiendo. A veces quisiera mudarme a un lugar donde nadie la hubiera conocido. —Donde nadie hablara de ella, ¿no? —comentó Onésimo Vera— Yo también a veces pienso en eso. Y al mismo tiempo… no quiero dejarla atrás. Es la mujer más importante de nuestras vidas. Y siempre lo será. No importa cómo fue que la perdimos. —Te quiero mucho, papá —susurró Onex—. Tú eres lo mejor que tengo. —Digo lo mismo, hijo. Onex se rió. —j***r, papá, dejo a un lado que soy un macho y me rebajo diciendo que te quiero y me sales con esa basura de “digo lo mismo, hijo”—Onex se quejó e imitó la voz de su padre, ocasionando que éste último se riera y las comisuras de los labios de Jaden tiraran hacia arriba en una sonrisa. La relación que tenían esos dos era bastante extraña, pero totalmente envidiable. Los dos Onésimos se rieron el uno con el otro, o el uno del otro y sus risas fueron lo último que Jaden escuchó antes de volver a dormirse. «» Era sumamente extraño sentirse incómoda por llegar a casa, pero así se sintió a medianoche cuando Onésimo Vera le llevó de vuelta sana y salva en su auto, con Onex como acompañante. Jaden y Onex se habían apretujado en el asiento del copiloto, lo cual había sido tremendamente incómodo, pero de nuevo no tan incómodo como se sintió al ver que habían llegado. Sintió incluso como si le picara la piel. —Gracias por la pijamada —le dijo a Onex y éste soltó una carcajada ruidosa. Ambos sabían la cara de mortificación que debía tener la madre de Jaden escuchando tal conversación a unos pasos de ellos—. ¿Cuándo lo repetimos? Onex salió del auto por completo y abrazó a Jaden, cuidando que toda la ropa estuviera en medio de ambos. Jaden se puso rígida al principio, pero luego decidió que, si había confiado en él todo el día y había tenido el tupé de dormirse junto a él dos veces, sería absurdo apartarse ahora. Así que se dejó abrazar a pesar de que su estómago estaba al revés de pronto y entonces se despidieron y Jaden entró a su casa siguiendo de cerca a su madre. —Jaden, ¿qué hicieron todo el día? —quiso saber la señora Marmel mientras caminaban a paso lento a través de la sala de estar oscura. Jaden rodó los ojos. —Qué dulce, ahora quieres ser una madre. Judit Marmel se detuvo tan de pronto que su hija casi se tropezó con ella. —¿Qué maneras son esas de hablarle a tu madre? Jaden la miró a los ojos, sintiéndose triste. —No tengo madre. Porque de tenerla, ella habría impedido que me amarraran como si fuera un animal salvaje en lugar de ordenar que lo hicieran. Su madre suspiró. —Pensé que ya habíamos dejado eso atrás. Ya me disculpé reiteradas veces, aunque parece que no las suficientes. Jaden se encogió de hombros, no queriendo hablar al respecto. Antes, simplemente la había ignorado hasta que tuvo que pedirle que la llevara a casa de Onex. Pero después de ver el comportamiento de padres reales, le costaba mantener su lengua a raya. Se sentía herida. —Nunca me preguntas nada, nunca hablamos de nada… —No eres la persona más sencilla con la que conversar —le interrumpió su madre—. Me ignoras cuando intento hablarte. —¡Porque me hablas para cosas estúpidas e insustanciales! —explotó la más joven de las dos— Como ahora, si no hubieras pensado que estuve todo el día revolcándome con Onex teniendo sexo en cada rincón de su casa, seguro no me estarías preguntando absolutamente nada, ¿o me equivoco? —hizo una pausa— Esto es en lo que te has convertido. Lamento haber tardado tanto para decirlo o no sé si lamentar el decirlo en sí, pero estoy tan cansada todo el tiempo, mamá. Los huesos, los músculos, el corazón, el cerebro, todo me duele. —Jad- Ella no se dejó interrumpir y continuó. Y aunque su voz no sonaba tan firme como ella deseaba, no sonaba tan débil como temía. —Todo el tiempo. Y tú solo te interesas en mí cuando crees que soy una puta. No tengo ni tiempo ni energía para esto. Jaden le dio la espalda a su madre y caminó de prisa a su habitación, que le esperaba con la luz encendida y la puerta abierta. Frunciendo el ceño, entró y miró alrededor con incredulidad. Su padre estaba en su cuarto y no solo eso, sino que parecía entretenido limpiando la parte superior del armario. Había una bolsa plástica negra a un lado en el suelo que había pretendido llenar, pero Jaden tenía tan poca suciedad y desperdicios que no estaba ni por la mitad. Harold Marmel tenía todavía puesta su camisa de trabajar abotonada en su totalidad y una corbata morada, que bien podría ser su favorita. Se había arremangado la costosa camisa como Jaden nunca había visto hacer antes y sostenía un paño amarillo con el que limpiaba encima del armario de Jaden, tenía guantes de hule amarillos y estaba de pie sobre un banco de madera. —¿Qué estás haciendo, papá? Harold Marmel se sobresaltó y miró hacia abajo a su hija, que tenía el cabello suelto y hecho un desastre y una expresión de asombro tan grande que le rompió el corazón. —¿Qué parece que hago? Limpio tu pocilga —respondió en un tono ligero, casi juguetón. Jaden frunció el ceño aún más y se sentó sobre su cama, prácticamente frente a donde estaba su padre. —Eso lo veo, pero no entiendo por qué. Sheila limpia mi cuarto desde siempre. Su padre se encogió de hombros y sin responderle nada más, terminó de limpiar la parte de arriba del armario. Había muchísimo polvo acumulado y Jaden sabía que su padre era alérgico a todo así que si no estaba estornudando todavía era porque probablemente se había tomado una buena dosis de antialérgicos.  Después de unos minutos de silencio, Harold Marmel se bajó del banco en el que había estado de pie y suspiró. —Deberías ser más limpia, esto me dio un buen trabajo. Aunque tu orden me impresiona. Ella solo parpadeó con incredulidad en respuesta. Su padre soltó una risita nerviosa y se sentó junto a Jaden en la cama. —Bueno, ya sé que es raro que te haya limpiado el cuarto, es que quería hacer algo por ti y esto fue lo único que se me ocurrió. Jaden intentó no reírse. —¿Quieres hacer algo por mí? Cómprame un auto —lo retó, sintiéndose extraña mientras observaba las paredes de su habitación. Había pegado a la pared todas las pinturas que su hermano había hecho hacía ya un buen tiempo, lo había hecho porque no quería olvidarlo y tener su arte allí era como tenerlo a él. Sin embargo, la mayoría del tiempo ver los cuadros solo la hacía sentir peor. Apartó la mirada y de paso fingió no ser capaz de leer las palabras en mayúsculas que ella misma había escrito con marcador permanente mucho después de decidir conservar las pinturas. Sus padres se habían ofrecido a pintar otra vez las paredes, pero ella había dicho que no y no habían vuelto a insistir. —Bueno, en un par de meses eso no sería para nada descabellado —comentó su padre pasados unos segundos—. Todo depende de tu nuevo tratamiento y lo sabes bien. Ella asintió varias veces mirando sus propias manos sobre su regazo. —Sí, lo sé. Mañana empieza, ¿no? Patrick dijo que el psiquiatra ya le había dado luz verde. Harold Marmel asintió y suspiró, sin mirar a Jaden. —Hoy… hoy asistí a terapia. Jaden abrió de par en par los ojos y volteó de prisa a ver a su padre, él seguía sin mirarla. Se veía algo incómodo y tenso. —Patrick ha estado sugiriendo por meses que tu madre y yo necesitamos terapia, pero nos oponíamos totalmente. Nuestra generación no es de ir a psicólogos ni nada de eso, somos más de enderezarnos a gritos y castigos. Jaden se estremeció al escuchar eso. Luego reparó en algo. —¿”Oponíamos”? ¿En pasado? Él asintió, y la miró a los ojos por primera vez en la noche. —Acordamos ir. En realidad, creo que amenacé a Patrick. Le dije que iremos a terapia, pero si ese fulano tratamiento nuevo no te ayuda, lo demandaré y le sacaré hasta el último centavo o lo mandaré a matar. Jaden no sabía qué decir. Solo se quedó mirando con incredulidad a su padre mientras intentaba no permitirse a sí misma ilusionarse demasiado. Había aprendido por las malas a no hacerlo. —Verás, Jaden, mi terapeuta me aconsejó que me disculpara contigo por mi ausencia estos últimos años y que empiece a pensar más desde tu perspectiva —comentó Harold Marmel en su tono calmado—. Y estoy dispuesto a hacerlo. —Está bien, te escucho —respondió la peliverde después de encogerse de hombros, seguía con los ojos abiertos de par en par. Su padre suspiró pesadamente. —No quiero que mis disculpas sean solo palabras porque el arrepentimiento es un cambio de corazón, pensamiento y acciones, entonces he decidido tomar medidas específicas en pos del progreso familiar —hizo una pausa y luego continuó—. Entonces, hija, por favor perdóname por ser el peor padre del mundo. Nunca fue ni ha sido mi intención. Jaden frunció el ceño. —No creo que seas el peor padre del mundo, papá —luego reflexionó por unos segundos—. Aunque puede que sí el más exagerado. —Jay- —Te he odiado muchas veces a lo largo de mi vida, ¿sabes? Sobre todo, cuando Jeffrey murió y todos me dieron la espalda más de lo usual. Te odié demasiado. Y a mamá. Y hace días cuando me hicieron atar como si fuera una salvaje, ahí recién me di cuenta que nunca los he odiado de verdad. Jaden había hablado más de lo normal en todo el día. Era algo que no pasaba tan seguido, por lo que su cuerpo empezaba a sentirse pesado. Aún así, y porque parecía estar de buena racha, continuó hablando. Sacando lo que tenía tanto tiempo por dentro, guardando telarañas y polvo. —No eres el peor padre, y no te odio. Y te perdono…Si es que puedes perdonarme tú a mí. Porque sé y todo el mundo sabe, que Jeffrey fue, es y siempre será tu favorito. Y el de mamá. Y el mío. Harold suspiró con tristeza. —No existe tal cosa como tener un hijo favorito, Jaden. Uno ama a sus hijos por igual. Jaden negó con un gesto y se dejó caer hacia atrás en su cama, sintiéndose muy cansada ya, pero rehusándose a dejar la conversación antes de tiempo. —Papá, claro que existen. Y Jeffrey era el favorito del mundo entero, bueno al menos de la parte del mundo que lo llegó a conocer. ¡Hasta en Chile lo adoraban! Lo sabes, él pudo haber sido una celebridad… o alcalde. Su padre sonrió ante las palabras de su hija menor. —Tú también podrías ser una celebridad. En el hockey, por ejemplo. Al parecer eres muy buena golpeando a otros y huyendo a toda velocidad. Jaden cruzó sus brazos por debajo de su cabeza y se dio cuenta de lo tensa que se sentía aún en su propia habitación teniendo una conversación casual con su padre. —Nunca has ido a mis juegos, entonces no sé cómo sabrías eso. El comentario, aunque bien intencionado, agregó unos gramos extra de tensión entre ambos. Jaden aprovechó ese instante para sacarse los zapatos con la ayuda de sus mismos pies sin tener que levantarse de la cama. —Tengo guardados en mi escritorio recortes de los artículos locales que te mencionan a ti o a tu equipo... Jaden se sentó derecha de pronto y miró a su padre. —...pagué una buena plata para que aceptaran tener una mujer, obviamente no iba a ignorar la trayectoria ni sus logros o- Los ojos de la muchacha se desbordaron y se echó a llorar de la emoción mientras que se ponía de pie en la cama solo para dejarse caer sobre su padre y abrazarlo por el cuello. Él se quedó muy quieto como la última vez que ella lo había abrazado de pronto, pero en esta ocasión reaccionó más rápido y abrazó a su hija menor, la apretó con fuerza entre sus brazos y así se quedaron por lo que a él le pareció toda la vida. Pero estos momentos para Jaden eran un instante. Un nudo más en una cuerda infinita, un punto fluorescente de dos milímetros de diámetro en medio de la obscuridad absoluta. Era nada, era corto, una rayita más de la regla, no sobresalía. Su mente no lo apreciaba del todo, su mente se quedaba más con los momentos tristes y dolorosos, pero su corazón últimamente se estaba esforzando mucho por no olvidarlos. Por no olvidar las breves vacaciones fabulosas que estaban teniendo cuando… cuando Jeffrey… Jaden se alejó de su padre, se puso de pie y trastabillando, se fue de prisa al baño intentando no vomitar antes, murmurando cuánto lamentaba no saber nadar.
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