9.- Sé que la vida no me romperá (Robbie Williams - Angels)
Jaden frunció el ceño y miró a la mujer muerta. Y fue consciente en ese momento más que nunca de lo extraño que era que la conversación más franca e interesante que había tenido era con una mujer que llevaba años en el otro plano.
—¿Que no es real? El daño físico que me hacen es bastante real para mí —dijo con amargura—. Además, no sé de qué estás hablando. Te estoy viendo claramente y estás muy lastimada.
La mujer negó con un gesto repetidas veces.
—Jaden, son dos temas separados. No los mezcles, ¿sí? Una cosa es que nos veas lastimados o moribundos —dijo levantando sus manos hacia lado opuestos como si estuviera separando el aire frente a ella— y otra cosa es que te lastimen.
Jaden suspiró con cansancio.
—¿Por qué son dos cosas separadas? Es lo mismo para mí.
Apenas terminó de hablar escuchó pasos en el pasillo y cuando alcanzó a reaccionar, Onex se hallaba frente a ella mirándola con extrañeza.
—¿Qué estás haciendo?
Ella parpadeó varias veces sin saber qué decir, solo se quedó mirando al muchacho que estaba usando una ridícula camiseta de pequeños unicornios.
—Jaden, no puedes esconderte por siempre en el baño. Mi papá no se irá hasta que le digas quiénes del equipo hablaron de ti a tus espaldas —hizo una pausa y luego continuó— y para la próxima, al menos cierra la puerta del baño.
Él entró al baño ignorando la incomodidad de Jaden, se lavó las manos y se fue. Desconcertada, ella simplemente miró hacia la madre difunta de Onex que aún estaba en el suelo frente al baño.
—Él tiene razón, no puedes esconderte más tiempo.
Jaden rodó los ojos y se puso de pie.
—Necesito que hablemos sin ser interrumpidas cada minuto. ¿No puedes salir de esta casa?
La mujer negó con un gesto y Jaden suspiró. El tiempo no les rendía nada y aún tenía tantas preguntas.
—Bueno, entonces supongo que me quedaré hasta que Onex y el entrenador se duerman. Es la única manera.
La difunta rompió en carcajadas tan de pronto que Jaden saltó de la sorpresa. Negó con un gesto, como quien no puede creer lo que ve. Y empezó a caminar hacia la sala por el pasillo. Se detuvo a medias y se giró hacia la mujer vestida de blanco que seguía sentada en el suelo.
—¿Te sentiste mejor al morir?
Hubo silencio por lo que parecieron minutos, la carcajada de la difunta ya se había esfumado. Luego negó con un gesto y sonrió con tristeza.
—Somos iguales, seguimos sintiendo igual cuando morimos, Jaden. Te puedo decir con toda certeza que la muerte no arregla absolutamente nada.
Jaden se mordió el labio inferior, sintiendo de pronto tristeza por la mujer frente a ella.
—Me parece injusto, deberías descansar.
La mujer sonrió.
—Solo descansaré cuando esté segura que no arruiné a mi familia para siempre. Y eso será cuando mi hijo deje de llamarme en sueños. O cuando mi esposo sea capaz de decir mi nombre sin que le tiemble la voz.
Jaden asintió varias veces, pensativa. Y avanzó en silencio hasta la sala de estar, arrastrando los pies y sintiendo un incalculable peso encima.
La sala estaba compuesta por un sillón, un sofá, dos sillas de metal y una mesita de centro que no combinaba con nada, todos éstos rodeando un televisor pantalla plana. Era bastante obvio que el mobiliario estaba siendo obligado a ver todos los partidos de hockey durante toda la eternidad.
En cuanto Jaden se hubo sentado en el sillón individual, el entrenador habló.
—Quiero nombres, números o posiciones, cualquier dato me sirve. Pero quiero saber quiénes han estado esparciendo estos rumores totalmente inaceptables.
Onésimo Vera estaba de pie cerca de la puerta principal con los brazos cruzados sobre el pecho. Se veía bastante consternado y Jaden estaba confundida por la importancia que le estaba dando a la situación.
—Papá —empezó Onex, saliendo de la cocina—, esto no tiene nada que ver con el equipo.
—¡Es conducta antideportiva! —prácticamente gritó su padre en respuesta— No tengo un equipo de maricones que no saben mantener sus ideas dentro de sus propias cabezas. Si quisiera tener un equipo de chismosos seleccionaría a mis jugadores en los salones de belleza y no en el hielo.
Onex soltó una risita incómoda y se sentó en el sofá más grande. Bueno, en realidad se acostó en el sofá.
—Bueno, papá, la verdad es que todo es culpa de Michelle y la novia, que empezaron a estar diciendo muchas cuestiones raras al equipo —admitió Onex bostezando—. Antes de que lo digas, ya sé que debí decirte antes. Es que no pensé que llegaría tan lejos.
Jaden estaba confundida. Onex y su padre estaban hablando de un problema que nada tenía que ver con ellos, buscando solución a algo que no afectaba sus vidas en lo absoluto. Los jugadores del equipo debían jugar bien para ganar y hasta ahí llegaba la jurisdicción del entrenador, según Jaden. ¿Para qué molestarse?
La difunta madre de Onex entró a la sala despacio, mirando al entrenador y siguió de largo hasta casi llegar a la puerta principal. Se detuvo prácticamente rozando el codo del hombre, la mujer le llegaba a penas por los hombros. Jaden la siguió con la mirada hasta que se dio cuenta que estaba viendo fijamente a su ¿marido? ¿Si ya estás muerta sigues siendo su mujer?
—Estoy muy decepcionado de ti, Onex —escuchó decir al entrenador—. Puedo esperar esta actitud de cualquiera menos de ti. Tu madre y yo no criamos a un pedazo de mierda indiferente.
—Guau —intervino la mujer muerta en un susurro, mientras Jaden más la miraba más sólida y de mejor resolución se veía—, está furioso de verdad si está usando groserías delante de ti.
Jaden se encogió de hombros como única respuesta.
—Papá, no soy indiferente —intentó defenderse Onex, que ahora estaba sentado y con la espalda tensa—. Desde que me di cuenta que estaba subiendo de tono, he intentado ayudar a Marmel.
La peliverde suspiró, apoyó los codos sobre sus rodillas y se tapó la cara con las manos. Los Vera seguían discutiendo.
—¡No es suficiente! —exclamó el entrenador, frustrado— Onex, hijo, esto es grave. Es muy grave. No son rumores normales ni inocentes. Podría traerle problemas legales a la familia de Jaden. No es un chiste. Además, si sus padres se enteran de esto, me podrían hasta demandar.
—Eso no lo había pensado —admitió entonces Onex después de unos segundos de silencio.
Jaden casi saltó fuera de su piel cuando de pronto sintió algo parecido a un pequeño choque eléctrico a un lado del cuello. Se incorporó de prisa, asustada, soltó una palabrota y se llevó la mano derecha al pecho, como queriendo impedir que el corazón se le saliera. Con la mano libre se tocó el cuello para asegurarse que todo estaba bien y entonces captó que no le habían pasado electricidad, sino que le habían tocado con la mano desnuda.
—¡QUÉ DIABLOS TE PASA! —gritó cuando estuvo segura que no se desmayaría. Miró con rabia a Onex, quién ahora se encontraba de rodillas frente al sillón desternillándose de la risa a costillas de la muchacha.
—Perdón, perdón —dijo el aludido entre risas secándose una lágrima de la esquina del ojo—, no pensé que te asustarías tanto así. Es que te estamos hablando y parece que te quedaste dormida.
Jaden se levantó del sillón de un salto y con ira y el corazón a mil por hora, levantó la pierna y le puso el pie derecho en el centro del pecho a Onex, empujándolo hacia atrás sin dejarle tiempo a reaccionar.
—¡Deja de tocarme! —le ordenó Jaden con histeria y entonces miró al entrenador, que claramente estaba resistiendo las ganas de reírse— Dígale a su hijo que deje de tocarme, está en mi expediente. Me lastimas, pedazo de idiota —se dirigió otra vez a Onex, su cuerpo temblando de rabia e impotencia— Me lastimas a cada rato y no te importa.
—Espera, espera —la interrumpió Onex desde el suelo, levantando las manos en son de paz—. Yo nunca te he lastimado de ninguna manera, no exageres.
—No puedes ir por la vida toqueteando a la gente sin su permiso —le comunicó Jaden con la voz filosa—. Estoy harta de ver cómo todos actúan como si está bien, ¡no lo está, por un demonio! No quiero que me vuelvas a tocar nunca. NUNCA.
Onex parpadeó, visiblemente confundido. Se puso de pie despacio y se quedó viendo a Jaden fijamente. La diferencia de estatura no era mucha entre ambos.
Onésimo intervino.
—Onex, no hagas nada estúpido. Hazle caso, retrocede.
Onex no miró a su padre.
—Escúchame, Jaden Marmel —empezó, su voz era un susurro calmado—. Nunca te he lastimado y nunca lo haré, así que deja de actuar así.
Onex no entendía a Jaden. Pero estando frente a ella en ese momento donde se empeñaba en actuar como que podría asesinarlo y al mismo tiempo todo su cuerpo decía una historia distinta, todo en lo que podía pensar era que ella despedía la más pura vulnerabilidad que jamás había visto en una persona. Miró el rubor cubriendo toda su cara que por lo general era demasiado pálida, observó detenidamente sus ojos, su mirada fiera y al mismo tiempo exhausta, y de pronto algo dentro de sí mismo hizo click.
La mirada de Jaden era justo como había sido la de su madre.
Sintió miedo en el epigastrio y retrocedió un paso.
—Papá, te haré una lista de los idiotas, ¿sí? —dijo pasados unos segundos, aún sin apartar la vista de Jaden— Vete a tu otro trabajo o te van a despedir innecesariamente.
Onésimo carraspeó.
—No creo que sea buena idea dejarlos solos. ¿Quieren que los lleve a algún lugar más público, lleno de testigos-es decir personas?
—No saldré de esta casa —anunció Jaden, mirando al entrenador.
—Tampoco yo —concordó Onex.
El musculoso hombre se rió incómodo y levantó las manos como diciendo “Ok, yo se los advertí, luego no vengan llorando”.
—Me voy, entonces —tomó sus llaves que estaban sobre la mesa, se puso una gorra y cuando ya estaba por salir se giró y miró a su hijo—. Recuerda cómo funciona la confianza, ten cuidado.
Y se fue, cerrando la puerta tras él.
Jaden parpadeó, como saliendo de un trance y miró a Onex, que seguía frente a ella.
—¿Cómo funciona la confianza?
Onex sonrió de medio lado.
—Mi papá dice que la confianza sube en escalera y baja en ascensor. Es decir, cuesta ganarla, pero es fácil y rápido perderla.
Ella asintió repetidas veces, pensando que era interesante esa analogía y bastante cierta.
—¿En qué piso está la confianza que tiene tu papá en ti?
Él, extrañado por la pregunta, se encogió de hombros.
—No sé. Pero está bastante arriba, probablemente en el Pent House, así que no te preocupes que no tengo pensado hacer nada tan estúpido como para echar atrás todo ese arduo trabajo.
Dicho esto, se sentó en el sofá y dio unas palmaditas a su lado, invitándola a sentarse junto a él. Después de segundos de duda, Jaden aceptó la invitación silenciosamente y tomó asiento. Allí fue consciente de la incómoda situación, ya que acababa de notar que odiaba a Onex a ratos y a ratos lo olvidaba. Y estando allí, solos y en silencio, todo parecía un tanto trágico y surreal.
“Bueno, técnicamente no estamos solos”, se dijo dentro de sí misma, “está su madre. ¿Cuentan los muertos como adultos responsables y supervisores confiables?”
—¿Cómo se llama tu madre, Onex? —preguntó, cuando hubo pasado algunos minutos.
Al muchacho se le hizo raro escuchar que alguien se refería a su madre en tiempo presente.
—Su nombre de soltera es Marie Luise Tarqui Wayne.
Ella frunció el ceño.
—¿Tarqui? ¿De dónde es ese apellido?
Onex sonrió y se recostó hacia atrás en el espaldar acolchado del sofá.
—Es un apellido Aymara, ¿sabes lo que significa? —cuando Jaden negó con un gesto, él prosiguió— No sé cómo explicarlo porque tampoco es que sea un experto, pero mi mamá me dijo que son indígenas o algo así. Podríamos decir que así se llama su tribu, ellos son de Bolivia. Mi abuelo era Aymara, ellos tienen su propia lengua que también se llama Aymara, mi mamá se sabía algunas palabras en esa lengua pero ya no recuerdo prácticamente ninguna.
Jaden arqueó una ceja ante la nueva información y se quedó pensando.
—¿Bolivia es el país suramericano que no tiene playa, no? —Onex asintió— Qué interesante. ¿De verdad no recuerdas ninguna palabra?
—“Tayca” era su palabra aymara favorita —intervino de pronto Marie Tarqui y Jaden volteó a mirarla de inmediato, preguntándose cómo es que por un segundo olvidó que estaba también en la sala.
—¿“Tayca”? —repitió Jaden.
—Significa “madre” —respondió la difunta.
Onex se tensó junto a ella y de pronto la tomó gentilmente por los hombros para captar su atención.
—Jaden, ¿de dónde sacaste esa palabra?
Ella parpadeó confundida ante la cercanía tan repentina de sus rostros y del tono urgente que agregaba de pronto el temblor en la voz de Onex.
—¿De qué hablas?
Onex susurró lo siguiente con lentitud, como para que no hubiera forma en que Jaden malinterpretara sus palabras.
—Tú acabas de decir “tayca”, una palabra aymara para decir “madre”, cuando hace cinco segundos no sabías qué son los aymaras, así que espero que tengas una buena explicación.
Un escalofrío recorrió la columna de Jaden cuando se dio cuenta de lo mucho que había metido la pata.
—Dile —le animó Marie Tarqui desde la esquina de la sala—, dile que estoy aquí.
Jaden miraba a Onex a los ojos y se dio cuenta que probablemente esa expresión de desesperación era la misma que ella vería al pararse frente a un espejo a diario si es que se animara a ver su propio reflejo. Esto fue lo que hizo que ella deseara decirle.
Pero no se lo había dicho a nadie. Y a los que se los dijo la amarraron como un animal salvaje, pensaron que estaba loca y todo esto hablando de sus propios padres. ¿Cómo reaccionaría Onex?
—Dile, Jaden.
Ella cerró los ojos con fuerza e inclinó el rostro hacia adelante, para evitar que Onex le siguiera mirando tan de frente. Su coronilla se apoyó en la clavícula izquierda del muchacho.
—Tu mamá acaba de decirme que es tu palabra aymara favorita.
Se quedaron en silencio unos segundos, en los que el estómago de Jaden amenazaba con expulsar los dos almuerzos que había ingerido antes. Su respiración estaba tan entrecortada por los nervios que le costaba distinguir cuáles respiraciones eran automáticas y cuáles se estaba obligando a tomar ella misma.
Inhala, exhala, inhala, exhala. Él no tiene poder para meterte en un manicomio. Inhala, exhala, inhala, exhala.
—¿Eso es todo lo que dice, que es mi palabra favorita? —preguntó Onex después de una década de pensamientos.
Estaban sentados casi frente a frente en el sofá, él había dejado caer los brazos a los lados mientras que Jaden aún apoyaba su frente en la clavícula del joven que estaba cada vez más cerca de un infarto.
Onex tenía la mirada perdida, Jaden tenía los ojos cerrados.
—¿Qué quieres que me diga? —preguntó la muchacha sin saber qué decir ante la ausencia de las interrogantes normales que ella estaba esperando o el pánico.
—¿Cuándo es mi cumpleaños?
Jaden frunció el ceño.
—Esa información no es confidencial, cualquiera podría saberla.
Onex se rió sin ganas.
—Tú no lo sabes.
Marie Tarqui habló en un susurro y Jaden, que seguía negándose a abrir los ojos. La voz de la difunta sonaba más cerca.
—15 de febrero —susurró la mujer—, el peor día de mi vida. El mejor día de mi vida.
Jaden repitió en voz alta lo que dijo la mujer y sintió a Onex tensarse frente a ella.
—Fue por Mason, ¿cierto? —preguntó el muchacho con la voz contraída en el oído de Jaden— ¿Fue por él?
Jaden se incorporó lentamente hasta quedar frente él y abrió los ojos. Onex tenía los ojos abiertos de par en par, rojos y claramente reteniendo el llanto. Estaba pálido como un papel.
Marie suspiró ruidosamente y Jaden la miró.
—Dile que sí.
—¿Qué pasa con esa fecha, quién es-?
—Dile que sí —repitió la mujer.
Onex volvió a colocar sus manos en los hombros de Jaden.
—¿Realmente estás hablando con ella? ¿Cómo diablos es posible? —finalmente hizo las preguntas que Jaden esperaba minutos antes. Sin embargo, no supo qué responder. Se quedó en silencio mirando a Onex hasta que él volvió a hablar— ¿Ella me escucha? ¿Está aquí?
Él escaneó toda la sala, como esperando ser capaz de ver a su difunta madre. Por supuesto no lo logró. Por alguna razón incomprensible para ambos, solo Jaden podía ver a la mujer muerta.
Jaden alzó su mano derecha muy despacio hasta alcanzar la barbilla del muchacho y entonces giró su rostro con cuidado, ayudándole a que mirara en la dirección correcta, donde estaba su madre ahora de pie mirándolo fijamente.
—Está aquí, justo aquí —susurró ella—. Te está mirando fijamente, como si acabaras de regalarle Canadá entera y una isla en el trópico.
Onex se rió con tristeza y se limpió los ojos con la manga de su camiseta.
—Esto es lo más raro que me ha pasado —comentó—. Sobre todo, porque hoy más que nunca he estado pensando mucho en ella. O en ti —rectificó—. He pensado mucho en ti, mamá. Y en Mason.
—Me mata no poder abrazarlo —se lamentó Marie, mirando a su hijo con los ojos aguados.
Jaden sintió otra vez la presión en su pecho aumentar y el estómago lo tenía cada vez peor.
—Dice que no soporta no poder abrazarte.
—No importa —dijo Onex—. Lo importante es que ahora sé con certeza cómo fue todo. Dile que lo lamento.
—Ella te escucha y dice que no lamentes nada porque ella tampoco debería —comunicó Jaden y se dio cuenta que su más grande pesadilla estaba siendo de ayuda para algo por primera vez—. Y dice que todo está bien. Que ella está bien.
—¿Cómo sé que solo lo dice para que yo me sienta mejor? —cuestionó Onex— No dejes que te engañe, Marmel, Marie Tarqui es un As escondiéndose.
Jaden se sintió mal por la mujer junto a ellos. Esta era una situación bastante complicada y surrealista. Su cuerpo ya no soportaba mucho más. Se sentía agotada a pesar de no estar haciendo nada físico, así que se recostó hacia atrás en el sofá hasta quedar prácticamente acostada y cerró los ojos.
—Tu mamá es la razón por la que vine hoy —susurró pasados unos segundos—. Ella está ayudándome con algunos... asuntos.
Sintió a Onex removerse incómodo junto a ella.
—¿Todo este tiempo has podido verla? —Jaden asintió y él preguntó más— ¿Desde la fiesta? —Jaden asintió otra vez— Wow, esto no lo esperaba. Creo que me volvería loco si estuviera en tu lugar.
A Jaden ese comentario final le provocó unas ganas inapropiadas de reírse.
—Bueno, no es que me falte tanto para eso, ¿sabes?
Onex se sentó más cerca.
—Oye —dijo en un susurro—, no estás loca. Era solo una broma de mal gusto.
Ella no respondió. Prefirió guardar silencio y concentrarse en sus propias respiraciones. Se dio cuenta que era una sensación nueva la de cerrar los ojos donde había luz y confiar en que no le pasaría nada porque la única muerta en la habitación estaba de su lado y no la lastimaría. Además, estaba el factor más impactante de todos: Jaden nunca había mantenido una conversación con un muerto antes y mucho menos había actuado de intermediaria entre este lado del velo y el otro.
Había sido una tarde bastante movida para su pobre caparazón perezoso.