—No esperaba que tu padre aceptara tan fácilmente —dije, mirando por la ventana y notando que no íbamos en nuestra dirección habitual. —Para ser honesta, papá también me sorprendió —respondió Lucas. Estábamos en la limusina que él había enviado a buscarme, y nos sirvió dos copas de champán, diciendo que lo necesitábamos después de ese momento estresante en el salón. —Creo que Elías va a intentar algo —comenté, girándome para mirar a Lucas—. Ten cuidado. Todavía no podía quitarme de encima la mirada de odio que nos lanzaba. Era como si ya nos hubiera matado en su mente. Lucas me miró, con una pequeña sonrisa burlona en sus labios. Arqueó una ceja. —¿Estás preocupada por mí? Puse los ojos en blanco juguetonamente. —¿No es obvio? Soltó una risita. —No te preocupes. No le daré a Elia

