Ya había pasado más de un mes desde que ocurrió todo aquello. El tiempo parecía haberse deslizado entre mis dedos mientras me ocupaba de todo lo que había sucedido: mi tío y Margarita se iban a casar mañana, y el ambiente en el castillo estaba lleno de nervios y emoción. Estaba en pleno proceso de preparación, asegurándome de que cada detalle fuera perfecto para la boda, y me sentía enormemente feliz por ellos. Después de la batalla que casi nos destruye a todos, las cosas empezaron a calmarse. Mi vida, aunque llena de cambios, ahora tenía una nueva normalidad. La sensación de que todo había pasado tan rápido me rondaba la mente mientras me adentraba en los pasillos del castillo, donde las flores y los adornos brillaban bajo la luz dorada del atardecer. Aunque el día de la boda estaba cer

