—Todo listo —le sonreí a Margarita, quien estaba terminando de colocarse el velo. Margarita, visiblemente nerviosa, daba pequeños ajustes a su vestido mientras revisaba cada detalle en el espejo. —Es hora... —le dije, mi voz suavizada por la emoción. Margarita levantó la vista y me sonrió, pero se podía ver la mezcla de nerviosismo y emoción en sus ojos. —Estoy tan nerviosa —dijo, mientras un suspiro escapaba de sus labios. La abracé con cuidado, asegurándome de que estuviera tranquila. —Todo saldrá perfecto, lo prometo—le respondí con una sonrisa reconfortante. Ella soltó una pequeña risa, aunque su mirada seguía reflejando la ansiedad de lo que estaba a punto de suceder. —¿Ya le dijiste? —le pregunté, sin poder evitar la curiosidad. Ella negó con la cabeza, y antes de que pudiera res

