Gruñía con frustración, rabia e impotencia mientras Paulina caía del cielo, como el maldito ángel que era. Cada vez que la veía, me sorprendía más su poder, algo que nadie en la manada hubiera imaginado que ella podría desatar. Sabía que sus poderes estaban más allá de todo lo que pudiera comprender, pero no había previsto el precio que tendría que pagar por ello. El dolor que estaba atravesando, el sacrificio que estaba haciendo, me hacía hervir la sangre. ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué ella, que solo quería protegernos, tenía que cargar con algo tan pesado? Las raíces que aprisionaban al hijo de la estrella se deshicieron con una fuerza que me hizo temblar. En ese instante, él fue liberado de su tormento. Apenas tuvo control de su cuerpo, pero, al ver a Paulina a lo lejos, un grit

