Llegamos al castillo. La estructura se alza imponente ante nosotros, con su piedra antigua bañada por la tenue luz de la luna, como una fortaleza que ha presenciado siglos de historia. Cada rincón parece guardador de secretos, sus paredes impregnadas de susurros del pasado, como si el castillo mismo hablara a través del tiempo. El aire es fresco, cargado con una humedad que se mezcla con la sensación de lo antiguo, un aire que parece detenerse en cada g****a, en cada esquina, guardando memorias y promesas olvidadas. Al cruzar las puertas principales, un aroma dulce y embriagador inunda mis sentidos. Frambuesa y coco seco. El perfume es tan penetrante, tan invasivo, que siento cómo mi lobo, Matt, se inquieta dentro de mí, su presencia se agita en mis entrañas. Un leve gruñido bajo se form

