El ambiente está cargado de una tensión palpable, casi tangible, como una niebla espesa que se arrastra sobre los cuerpos de los asistentes. Siento cómo el aire me golpea con cada palabra que pronuncian, pero mi mente está demasiado lejos para prestarles atención. Solo quiero escapar de esta pesadilla, de esta gala donde los vampiros dominan y los licántropos somos solo espectadores. "Me quiero ir", me quejo internamente, mientras el actual rey sigue haciendo su presentación, pronunciando esas palabras vacías que parecen no tener peso alguno. La nueva reina, la figura que se alza sobre todos nosotros, la que todos observan con admiración, no es más que un espejismo para mis ojos. Mi otra mate. Esa es la sensación que tengo, esa es la verdad que se cuela en mis pensamientos. La siento cerc

