El grupo Carabaña, estaba decida apostar un poco más por mí, y esta vez quería pensar en grande, me había enterado por tiffany que la empresa estaba solicitando una secretaria para el Ceo, no lo dude, aunque no era lo que había estudiado, estaba segura que sabría cómo defenderme, era mi turno y la secretaria me notifica que puedo pasar.
—Mucho gusto señorita, tome asiento—dice un hombre bastante mayor, hago lo que me dice, mientras le entrego mi hoja de vida
—Aquí dice que es usted contadora, ¿Por qué quiere el puesto de secretaria si no es lo que estudio? —pregunta con incertidumbre.
—Porque aunque no sea lo que estudie, ser la secretaria del ceo conlleva una gran responsabilidad, estoy segura que aunque no tenga referencias que traerle, podría desempeñar de la mejor manera mi trabajo, puedo hacer informenes, trabajar con número y un sinfín de cosas, que usted ni se imagina—respondo con toda seguridad
—Está bien señorita, entonces le daré la oportunidad, debe presentarse mañana a primera hora, se le entregara su contrato, felicidades, usted obtuvo el puesto.
Sonrió como una loca, estaba totalmente feliz, no pensé que esto e pudiera suceder, pero por lo visto tenía dos ángeles en el cielo.
Pase la noche arreglando una ropa que compre con mis ahorros para poder trabajar, debía estar presentable, tenía un cargo muy importante, después de dejar todo arreglado, me fui al club a compartir mis buenas noticias, había hecho amigas, las apreciaba bastante, brindamos por mis éxitos y me desearon lo mejor, por supuesto nadie hablo de aquel hombre y yo aunque me moría por preguntar, tampoco dije una palabra, me fui temprano a descansar.
Me levante a las cinco de la mañana, para darme una ducha con agua caliente, era la única hora donde la podía obtener, luego de salir, seque mi cabello y coloque mi nueva vestimenta, aplicándome un maquillaje bastante sencillo, al principio quería llevar el cabello suelto, pero luego me hice una coleta, cuando estuve listas, salí del que por ahora era mi hogar, pronto dejaría de vivir aquí, me lo había propuesto y lo conseguiría.
A pesar de tener que tomar el bus, llegue justo a la hora, la recepcionista me entrego un gafete y me acompaño a el área de recursos humanos, donde me dieron mi contrato y lo leí detenidamente, el suelda era una barbaridad, unas cinco veces lo que ganaba en el bar, contando las propinas, seguro el jefecito era toda una joya.
Después de estar lista el encargado del área me lleva a mi lugar de trabajo en la plata numero veinte, mi oficina básicamente formaba parte de la del jefe con la diferencia de que nos dividía una pared de vidrio, o cristal ni siquiera sabia que era, lo cierto es que se oscurecía si el jefe así lo deseaba, me dispuse a ordenar algunas carpetas en los archivadores, a encender la computadora, era bastante buena con la tecnología, abrí mi nuevo correo y el de la presidencia, prepare la agenda en la Tablet y me dispuse a esperar al nuevo jefe.
Entre a la cocina por un poco de café, prepare una taza para mí y otra para el ceo, esperaba que no se molestara y lo disfrutara, quería conservar mi trabajo, la mayoría de los empleados, comentan que es un ogro, dicen miles de cosas, y solo tenía una hora en este lugar, pero era una mujer de retos y este lo iba a ganar.
Escucho la puerta abrirse y unos pasos dirigirse a la oficina del CEO, así que me dispongo a salir con la taza de café en la manos, para cuando llegó a su escritorio, él está de espalda, así que lo saludo.
—Hola buenos días señor, soy Vanesa Arriechi y seré su nueva secretaria—digo sonriendo, pero todo se vuelve un caos cuando se da la vuelta, justo en ese preciso momento me doy cuenta, que mi jefe es él.
—Tu—dice con una mirada dura, esto no me podía estar pasando a mí, la taza se resbala de mis manos, haciéndose añicos en el suelo