Todo había pasado de manera muy rápida, la taza que traía con café, terminó vuelta trizas, en el suelo de la oficina de mi nuevo jefe, había luchado mucho por conseguir un empleo decente, y ahora que lo obtenía, me encontraba con él. Resulta que mi jefe, es el mismísimo hombre, que compró mi virginidad, aquel de aquella noche, tenía la esperanza de que no me reconociera, pero eso se fue al traste, cuando vi su mirada, me había reconocido, no pude saber si lo que vi en sus ojos, fue sorpresa, rabia, o angustia, puesto que enseguida agache mi cabeza, me daba vergüenza la situación. —Lo siento mucho—Digo asustada —No tienes por qué disculparte, todavía no has hecho nada malo, ¿quisiera saber porque estás aquí? —Yo... Intento contestar, pero mi boca se ha secado, no sabía que responder, ¿

