Capítulo 3: El Altar de los Renegados La Senda del Exilio: Michael y Alistair El frío de las Tierras Prohibidas era diferente al del Norte; no congelaba la piel, congelaba la voluntad. Michael caminaba con la cabeza gacha, sus manos aún marcadas por las cadenas de plata que Elaine le había impuesto frente a la manada. Cada paso que daba lejos de ella era un tirón violento en su pecho, un eco de la "Muerte del Vínculo" que habían fingido. -No te detengas, muchacho -dijo Alistair, manteniéndose a una distancia prudencial, con la mano siempre cerca del artefacto de su cinturón-. Si te quedas quieto, el fuego dentro de ti encontrará una salida. -¿Por qué me ayudas, Alistair? -la voz de Michael era un rasguño, profunda y teñida por el siseo del Sol-. Elaine te ordenó protegerme, pero tus oj

