Capítulo 5: El Templo de las Siete Heridas Las Montañas del Lamento hacían honor a su nombre. El viento pasaba por las grietas de la roca produciendo un silbido que recordaba a miles de voces gritando en agonía. A medida que ascendíamos con la comitiva de la Alianza de Hierro, el frío habitual del Norte desaparecía, sustituido por un calor seco y sofocante que hacía que los caballos de los guerreros relincharan de terror. -Tu "pareja" ha estado ocupada -dijo Valerius, señalando las rocas calcinadas que bordeaban el camino-. Dicen que el fuego de un Alfa común es rojo. Este... este es blanco. Es el fuego de la creación, Elaine. O de la aniquilación total. No respondí. Mi mente estaba en la fortaleza, rezando para que Kathy no hubiera sido degollada ya por los diplomáticos sedientos de sa

