Capítulo 5:El Despertar de la Luna de Plata

1023 Words
Capítulo 5: El Despertar de la Luna de Plata El estruendo del cristal rompiéndose fue seguido por un silencio antinatural. Las sombras que se filtraban por la ventana no eran lobos comunes; eran Skulks, guerreros de los Vástagos de la Sombra que habían renunciado a su carne para convertirse en pesadillas vivientes. Michael se interpuso entre las sombras y yo, pero su fuerza flaqueaba. El parásito que Kathy había sembrado en su vínculo drenaba su energía cada vez que él intentaba usar su aura de Alfa. —¡Lleva a Kathy al sótano! —rugió Michael, todavía bajo el instinto de proteger lo que creía que era su hijo. —¡Michael, abre los ojos! —grité. En ese momento, la verdadera naturaleza de Kathy se reveló. No se dejó proteger. Se irguió en el centro de la habitación y sus manos se envolvieron en un fuego fatuo, de color violeta oscuro. —Es tarde para rescatar a nadie, Michael —dijo Kathy, su voz ahora era una superposición de mil almas sufrientes—. El pacto está sellado. Si tú no me das el poder del Alfa por voluntad propia, los Vástagos lo tomarán de tus cenizas. ══ ✧ ❀ ✧ ══ Mientras Kathy lanzaba una ráfaga de energía oscura contra nosotros, la puerta se abrió de golpe. No eran guardias. Era mi madre, pero no la mujer fría que me había despreciado horas antes. Llevaba una túnica antigua, bordada con runas que brillaban con una luz plateada. —¡Atrás, Kathy! —gritó mi madre, lanzando un puñado de polvo de plata que creó un escudo temporal entre nosotros y las sombras. —¿Mamá? —me quedé atónita. —No hay tiempo, Elaine —me dijo sin mirarme, su voz cargada de una urgencia ancestral—. Siempre supimos que una de ustedes heredaría la sangre de mi linaje prohibido. Recé para que fueras tú, pero Kathy encontró los grimorios primero. Ella no eligió a Michael por amor, eligió su sangre para alimentar el despertar de la Luna de Sangre. —¿De qué estás hablando? —preguntó Michael, luchando por mantenerse en pie mientras su piel empezaba a palidecer. —Nuestra familia no pertenece a la Manada Rosa Negra, Michael —reveló mi madre, manteniendo el escudo con esfuerzo—. Somos descendientes de los Guardianes de la Luna de Plata, la casta que los Alfas de antaño intentaron borrar para que nadie pudiera cuestionar su poder absoluto. Elaine es la verdadera heredera. Por eso el destino la eligió a ella para ser tu pareja. Solo una Luna de Plata puede sostener el poder de un Alfa sin corromperse. El escudo de mi madre empezó a agrietarse bajo los golpes de los Skulks. Kathy, viendo que su secreto familiar había sido revelado, soltó una carcajada demente. —¡Si ella es la heredera, que muera como una! —Kathy dirigió toda su magia hacia mí. Michael, en un acto de redención pura, intentó saltar frente a mí, pero el parásito en su interior lo hizo caer de rodillas, escupiendo sangre negra. El vínculo de apareamiento entre nosotros vibró con un grito de agonía. En ese instante de desesperación, no sentí miedo. Sentí una furia que quemaba más que el sol. La daga de hueso n***o que todavía sostenía empezó a cambiar. El n***o se fundió, revelando una hoja de cristal translúcido que emitía un fulgor lunar. "El destino no es una cadena, es una espada", resonó la voz del extraño de ojos plateados en mi mente. Me puse en pie. No me transformé en lobo, pero mi piel empezó a emitir una luminiscencia plateada. Mis ojos, antes castaños, se volvieron de un plata líquido que veía a través de las mentiras de la habitación. Vi el parásito dentro de Michael: una masa de hilos negros conectada al vientre de Kathy. —Se acabó, hermana —dije. Mi voz no era la mía; era la voz de mil generaciones de mujeres poderosas. Caminé hacia ellos. Los Skulks retrocedieron, quemándose por la sola proximidad de mi aura. Con un movimiento preciso, no apuñalé a Kathy, sino que corté el aire entre ella y Michael. El hilo n***o se rompió. Un grito inhumano surgió del vientre de Kathy. La ilusión de su embarazo se desvaneció, dejando ver solo una marca negra y podrida sobre su piel. Michael soltó un suspiro de alivio y se desplomó, mientras el color volvía lentamente a sus mejillas. El parásito, privado de su fuente de alimento, se disolvió en humo. Kathy, debilitada y rabiosa, miró por la ventana. —Esto no termina aquí. La Rosa Negra caerá. Los Vástagos ya están en las puertas y mi "padre" el Alfa Thomas sabe mucho más de este pacto de lo que admite. Antes de que Michael pudiera atraparla, Kathy se lanzó por la ventana, siendo recogida en el aire por una de las sombras voladoras. Se perdieron en la profundidad del bosque, hacia las Tierras Prohibidas. El silencio regresó a la habitación, solo roto por la respiración pesada de Michael. Mi madre cayó de rodillas, agotada. La casa de la manada estaba en caos; afuera, los aullidos de batalla indicaban que la infiltración había sido masiva. Michael se levantó, sosteniéndose de un mueble. Me miró, no con la duda de antes, sino con una devoción que me asustó. Se acercó y, esta vez, fui yo quien no retrocedió. —Elaine... —su voz era un susurro quebrado—. Lo vi. Lo sentí todo. He sido un necio, un títere... —Lo has sido —le corté, guardando la daga, que ahora era de plata—. Pero el enemigo no era solo Kathy. Mi madre dice que tu padre, el Alfa, sabía del pacto. Michael se tensó. Si el Alfa Thomas había permitido que una criatura de sombra se gestara en su propia línea de sangre para obtener poder, la manada ya no tenía un líder, tenía un tirano. —Tenemos que ir al Gran Salón —dijo Michael, recuperando su porte—. Si mi padre es parte de esto, la manada está en peligro de extinción.
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