Capítulo 6 - Encausando el rumbo

1740 Words
En los ojos del señor Fausto vi agradecimiento por lo que había pasado. Ella estaba de regreso. —Gracias también por evitar el matar a ese hombre. —Santiago me tendió su mano. Miró a todos los presentes—. Gracias a todos, aunque no conozco a algunos, gracias por cuidar a mi hermana. —Roland quería salir de este mundo por su hija. —Don Fausto afirmó—. Creo que ya le dimos un sentido a sus días con las empresas nuevas del jefe. —¿Las organizaciones? —afirmé mirando a Santiago. —Sí. —¿Ahora qué viene? —preguntó el suegro de Roland. —Devolver a los niños a sus casas. Los tres hombres que me acompañaban, miramos por el gran ventanal, el cual da al lugar donde los doctores revisaban a unos niños, Inés sirviendo la cena a un grupo, las trabajadoras sociales entrevistando, la señora Verónica y Luz Marina llenaban de abrazos y besos a los más chicos. Enrique permanecía pegado a la señora. Mañana será un día largo. —¿En qué ayudamos nosotros? —sonreí. —Debemos organizar tres habitaciones para que ellos puedan dormir, mañana nos espera un largo día, devolveremos a todos. Nosotros nos concentraremos en llamar a las entidades correspondientes para hacer este intercambio y nos cercioraremos llamando a cada uno de los padres para que puedan venir mañana. —¿Tienen esa información? —No toda. —comentó Cebolla—. Con los nombres de los niños podemos saber quiénes son sus padres, somos buenos rastreando personas. Estos seis cerebros saben cómo hacerlo. —Bueno. —Dijo don Fausto despidiéndose de cada uno de nosotros—. Nosotros vamos a organizar las colchonetas en las habitaciones. Que los genios intenten enderezar el camino. La mañana trajo un sinnúmero de risas infantiles en una piscina, esas carcajadas se escuchaban en el despacho, desde anoche tenemos las puertas abiertas y ahora los vemos correr y zambullirse en el agua. Ninguno ha dormido más de tres horas, cada uno se acomodó como pudo con un portátil en sus piernas en cualquier mueble del lugar, cada que ellos actualizaban información llegaba a mi base de datos. Admiraba esa capacidad que tienen los niños para adaptarse a las situaciones cuando reciben atención y afecto. El reporte de los doctores fue, tres niñas y dos niños violados, veinte con contusiones por fuertes golpes, todos desnutridos. Los niños violados estaban bajo el acompañamiento de las dos psicólogas y las trabajadoras sociales. Solo he dormido dos horas, mientras todos lo hacían nosotros nos dedicamos a buscar las direcciones de los niños, bajando información de la policía, los padres que presentaron las denuncias y con fotos descargadas ya teníamos treinta niños identificados a los que en la tarde empezaremos a devolver a las familias. —¿No piensan descansar? —Aún no. Inés llegó con el desayuno. Había un brillo especial al vernos a todos juntos, pocas veces lo hicimos ante ella, cuando estábamos trabajando para el Patrón, pero desde que cambió era diferente el sentido de las reuniones. Siempre ha estado a nuestro lado, conocía a todos y a los fututos allegados. De ese modo nos volvíamos una hermandad gracias al patrón, por eso éramos fieles a Roland. Era uno de nuestros fuertes, entrenar juntos una vez al año, en un entrenamiento nada agradable. —La señora Verónica volvió a ser la misma, es la patrocinadora de esas carcajadas que se escuchan, el doctor simpático la curó, porque se lastimó uno de los puntos. —¿Doctor simpático? —Se encogió de hombros—. No te pongas de… —Ya ella se lo dejó en claro al joven. Sonreí, Mojón y Churrusco estaban dormidos con sus cuellos torcidos, Gustavo era el único que trabajaba en este momento. Cereza había salido con Cebolla. » En algún momento ella encontrará a una persona, es muy joven. A Mojón le va a dar tortícolis esa posición. —Supongo que así será y déjalo, hace menos de dos horas cayeron rendidos. —¿A dónde fue Cebolla y Cereza tan temprano? —A buscar las entidades encargadas de entregar a los niños. He descubierto que quince fueron secuestrados en Bogotá, diez en Medellín, dos son de Barranquilla y tres de Pasto. —miré el reloj—. No deben demorar en llegar con el helicóptero y transporte para poder regresarlos. —Cereza está conmocionado, se puso en los zapatos de esos padres que perdieron a sus hijos, pensó en sus bebés. —Eso es su efecto, señora Verónica, antes no teníamos conciencia. —En eso último tienes razón. Cebolla llegó con representantes del Gaula y el Bienestar Familia de confianza para nosotros, ya habíamos realizado una entrega igual, esa en la que Roland arremetió contra sus socios. Cereza llegó con muchos autos, cada uno sería conducido por alguien de nuestra organización, los rostros de Mole, Zombi, Cuajao, Lobo y Mueco llegaron cada uno en una camioneta a la espera de instrucciones. —¿Cuándo regresa Rino? —Él tiene entrenamiento especial, ahora se especializa en atención médica en combate. Nos reunimos por dos horas con las entidades en las que les informamos lo sucedido. La señora estuvo presente, no habló, pero su mirada era una puerta abierta de satisfacción, por momentos permanece ida en sus pensamientos y al mirar a los niños por la ventana mostraba una leve sonrisa. Lo extraña como nosotros, muy seguro que en su soledad se entrega al llanto, aunque ahora encontró un motivo para continuar. Los niños se despidieron de ella, al subir, ya sea al helicóptero o en cualquier camioneta. Fuimos testigos de las llamadas realizadas a los padres y el llanto de alegría de los pequeños, esa era nuestra recompensa, hacer el bien no era tan malo como se cree, al contrario. Vaya satisfacción personal la que se obtiene con nada, una sonrisa vale una millonada. Nos quedan veinte niños, tres nos informaron que no querían llegar a su casa porque sus padres los maltrataban, ellos quedaron bajo la custodia del Bienestar y se llegó a un acuerdo para quedarse en uno de nuestros orfanatos. La madre de Enrique la traería Cebolla, quien salió con la comitiva de Bogotá en el helicóptero. No quiero alejar a ese niño aun de la señora Verónica, le ha hecho mucho bien tenerlo cerca. Quedamos que al día siguiente el Gaula volvería por el resto para seguir entregándolos, la mayoría de los que quedaron eran los de poblaciones retiradas. La llegada de la mamá de Enrique fue más emotiva, ver esa escena nos alejó un poco más del mundo podrido en el cual andábamos y por el que juró Roland jamás dejar entrar a su mujer… Juro que si no lo hubiera visto sin respirar diría que todo fue planeado para salir de esta mierda. Comprendí en carne propia el deseo de Roland por salir de la porquería de mundo de la droga. La señora Gladis, quien era la progenitora de Enrique; una mujer joven, delgada, atractiva, llegó con los estragos del dolor por su hijo desaparecido, se quedó con nosotros hasta la última entrega una semana después, durante esa semana vi a Rasca culo mirarla más de la cuenta. Se hizo muy amiga de la señora, era una mujer unos cuatro años más que la señora, don Fausto y su familia también se retiraron, ahora si con los planes renovados para el matrimonio de Santiago. —Simón, ¿puedo hablar contigo? Organizaba nuestro retorno a la capital para el día de mañana. —Claro. —La señora ingresó, sigue vistiendo de n***o. —Gladis… Bueno, dado que voy a encargarme de las nuevas empresas de Roland. —Se encuentran todas a su nombre. —Puso los ojos en blanco y me encogí de hombros. —Porque será que no me extraña, tremenda capacidad la que tiene para seguir imponiendo sus decisiones a pesar de estar… muerto. —A mí no me las va a devolver, no tengo velas en ese entierro. —alcé mis manos. —No, en esta ocasión las recibiré con agrado. Quiero pedirte varios favores. El primero es contratar a Gladis para que trabaje conmigo, son muchas y ella es administradora. —Usted es la dueña, puede contratar a quien desee. —Perfecto, lo otro es… deseo destruir esa maldita red de trata de personas. Así se mate uno a uno a las cabezas de los jefes. —Podemos intervenir y truncar lo primero, lo segundo es algo más delicado, no quiero comenzar un enfrentamiento donde morirían muchos inocentes, el país ya pasó por una guerra de carteles a finales de los ochenta. —Se quedó meditando, sonó mi celular y era González—. Dime. —Mataron a Salcedo. —Yo lo maté. —escuché silencio al otro lado de línea—. Faltó a su palabra, tenía cincuenta niños para mandarlos a España. Lo siento González, yo mismo le di el tiro en la boca y se los daré a quien no cumpla con la decisión del Patrón, queda menos de un mes para leer el testamento para los carteles, hasta ese día las decisiones que él tomó las hago cumplir. —Rata… —Siguen bajo la mira, ni mujeres, ni niños y si los hacen correrán el mismo camino de Salcedo. Haz correr la bola, aunque yo le haré la visita a dos socios por ahí. —Te siento con la voz de mando, ¿crees ser el sucesor? —controlé mi rabia. —Espero que no y mientras eso sucede, las doctrinas de Roland las haré cumplir. Ahora debo colgarte. —Por lo que escuché habrá otro cargamento. —Sí, pero este es de mujeres. —colgué antes que siguiera hablando. —Quiero acompañarlos, por favor. —dijo la señora. —Bien, pero luego se aleja del tema y solo se encargará de sus empresas. Se me acaba el tiempo para buscar quien mató a Roland, quiero tener el culpable antes de la lectura del testamento. Ya veo que la puedo dejar sola, eso es algo tranquilizador. —¿Cuándo será el golpe del rescate de las mujeres? —Hoy en la noche. —Bien, ¿las traeremos acá? —Sí, aunque había organizado regresar a la casa mañana. —Simón, lo hacemos después de ayudar a esas mujeres. Además, dame unos días más para asimilar el volver a la casa de Roland y él no estará.
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