Verónica cayó de rodillas, hecha un mar de lágrimas y mi corazón se destrozó en mil pedazos, me acerqué a levantarla. —Vida no llores, me parte el alma verte de esa manera, ven. Ya había oscurecido, no podía caminar, temblaba, la cargué e ingresé a la cabaña, la dejé sentada en uno de los muebles, no decía nada, solo me miraba con rabia. Me senté en el otro mueble, esperé a que asimilara la situación. » Verónica, por favor, Hermosa háblame. —Eres un ¡maldito manipulador! ¡Un mentiroso de mierda! ¡Un insensible descarado! Comenzó a gritar, aunque era injusto, la dejé que se desahogara, me agrada escucharla decir malas palabras, siempre era tan pulcra para hablar. » ¡Solo piensas en ti! ¡Egoísta! Y como un huracán se vino contra mí propinándome golpes tras golpes, hoy fue el día de

