A pesar de la brisa helada y el agua de la lluvia, Jena consiguió abrir los ojos demostrando sorpresa en ellos. ¿Cómo era posible que ese hombre que no llevaba mucho conociéndola le confesara semejantes palabras? Aun así, no pudo evitar que su corazón se hinchara de la emoción. —Sera mejor que bajemos, esta tormenta no se calmara de momento —Ella asiente y es llevaba por Alan de vuelta a la seguridad del camarote —. Ya no tenemos más nada que usar para reemplazar estás ropas mojada —Confiesa una vez en la habitación. Jena se queda de pie observando como Alan intentaba escurrir el agua de su ropa mientras que ella parecía una catarata andante. Ella vislumbro aquel cuerpo masculino oculto por las prenda de ropa y pensó que, Alan la deseaba, y ella lo deseaba. Le gustaba mucho, y aunque es

