—No sé cómo le vas hacer, pero resulta que ya no quiero escucharte. Nuestra relación será exclusivamente de jefe a empleada. —No, no, Jena. Solo déjame… —¡No! —Ella pasa a un lado de él dirigiéndose hasta su habitación —. Váyase de mi casa señor Goldman, por favor. Alan suelta el aliento, baja un poco la cabeza pensando que hacer. Relame sus labios al tiempo que se da la vuelta y sigue a Jena por un corredor. Ella ingresa en su habitación mientras le imploraba a los dioses que Alan se marchara del apartamento, lo que menos quería era tener que seguir confrontándolo. A pesar de estar furiosa y dolida, también tenía un revoltijo de emociones de las que sospechaba que la podrían hacer flaquear. Pero lejos estaba de quedarse sola en la casa, ya que pronto escucho los pasos de Alan aproxim

