Así que... surgió un malentendido debido a que un niño se me pegó y nombro su mamá. Casi muero por los hombres de negros. Fui transportada en un coche con destino a la muerte. Me mandaron a investigar después de murmurar el nombre de alguien mientras dormía.
Ahora, están a punto de realizarme un examen físico.
Paseo la mirada por el oscuro cuarto. Hay un enorme escritorio de roble, y para mi sorpresa una estantería llena de libros ocupando una pared. Me siento cuidadosamente bajo la mirada del mafioso, trago en seco.
—¿Cuál es tu nombre?
—¿Perdón?
—Te dije que no respondieras con otra pregunta.
Algo vuela directamente a mi cabeza quedando clavado en la pared. Varios hilos de cabello caen sobre mi hombro aterrizando en mi regazo. Lentamente intento mover la cabeza, visualizó el objeto que a atentado contra mi vida.
Increíble. ¡Ha tirado un dardo!
Un tablero para dardos se encuentra justo detrás. No me había dado cuenta que estaba allí, apuesto que lo hizo apropósito, quiere intimidarme.
—Mi nombre es Arelis Vargas —respondo en voz baja. Parece que estuviera realizando una presentación frente a la clase.
—¿Quién es el hijo de puta? —saca una caja negra del interior de su saco n***o. El hombre de n***o calvo se apresura ha sacar un encendedor al tiempo que coloca un cigarrillo en su boca, aspira el humo profundamente. Retrocedo de inmediato—¿Me tienes miedo?
Con ambas manos cubro mi nariz, negando con la cabeza antes de cambiar de opinión asiento. Se acerca y expulsa una gran bocanada de humo en mi cara. Pensé que había cubierto de la mejor manera parte de mi rostro, pero el humo del cigarro entra directamente a mis pulmones a través de la nariz. Incontrolable comienzo a toser, se me dificulta respirar y la opresión de dolor en el pecho, las extremidades me fallan, me voy de bruces al suelo buscando respirar. Tratar de tomar bocanadas de aire es imposible, líquidos impuros salen por mi nariz. El desespero me golpea y nuevamente lágrimas desesperada surgen
Llevo las manos al pecho y golpeo con fuerza, las siento acalambradas y me escuece el cuerpo. Necesito reaccionar, necesito respirar, quiero gritar "¿por que no me ayudan?" Estoy muriendo de asfixia y no hacen nada.
Ahora si me convertiré en la amante del ángel de la muerte.
Inhalo profundo, pero el aire apenas entra a mis pulmones. Pánico total me embarga cuando un centenar de escenarios fatales invaden mi cabeza. Me siento mareada. Un suspiro tembloroso se me escapa y jadeo desesperada.
Siento la oscuridad atraparme.
—¿Qué esta mal contigo? —agarra mi mentón. Sus ojos chocan con los míos, me mira calmadamente, como si no fuera un hombre peligroso viéndome sufrir. Admiró el cielo que carga en sus ojos los cuales proyectan desdén, sin una pizca de remordimiento.
Me dejo llevar y entierro mi cara en su pecho, sube y baja tranquilamente, acompasó mi respiración con la suya. Escucho su inspiración en mi oído y lo imito, poco a poco mi cuerpo se calma, pequeños estremecimientos me sacuden. Me duele la cabeza. Las sienes me palpitan y mis dedos siguen acalambrados.
Cierro los dedos en el molestoso material que no me permite disfrutar de su calor corporal. Todo va bien hasta que lo escucho pedir unas tijeras. El alma se me va del cuerpo. Escucho el terrible sonido de ropa siendo cortada, mi mente reacciona poniéndome alerta anta la situación. Me doy cuenta que el pedazo de tela que use para limpiar mi lagrimas y nariz en realidad es la corbata del mafioso. Su mirada aterradoramente escalofriante me hace querer cavar un agujero y esconder mi cabeza.
¡He cavado mi propia tumba!
—Lo siento, realmente lo siento.
—¿Quién es el hijo de puta?
—¿Ah?
—¿Es la persona que te engaño?
Confundido por sus palabras miro al hombre de n***o que hace señas detrás de él y murmura el nombre de la persona que me dejo en este lío. Pensando que había llegado el momento de mi muerte —del cual he perdido la cuenta— comencé a divagar.
Quería desahogarme así que lo haría con él.
—Bueno... la estoy pasando mal, muy, pero muy mal estos días. Ha sido tan difícil y frustrante que he pensado quitarme la vida y conseguir un amante después de ello ¿sabes? Soy atractiva así que el Ángel de la muerte me hará su amante, ya lo he decidido, no me negaré porque necesito vengarme. No he comido decentemente. Pensé en maneras de morir. No quiero morir por ti o uno de tus mafiosos debido a una bala. Quiero morir como una persona normal, ya sabes, tomar pastillas, un carro me atropelle o ahogarse ¿Cómo puedo tener tan mala suerte? Ni siquiera puedo regresar a Ecuador...
—¿Eres de Ecuador?
—Oh ¿sí?
—No me preguntes cuando te esté preguntando. Entonces, estas diciendo que el chico que te engaño es tu compañero de cuarto y tu amante.
—Hu-huh —sorprendida por la capacidad del mafioso, asentí.
—Desnúdate.
—¡No! ¿Por qué me estas diciendo que me desnude? ¿me van a violar?
Me aferro a la fina tela de mi cuerpo mientras veo alrededor. El mundo es aterrador. Muero por volver a llorar, me han secuestrado, me han interrogado, casi muero y ahora me quiere desnudar. Me siento incomoda con ellos viéndome. Hago contacto visual con el mafioso, mis ojos vacilantes parecen gritarle ayuda.
—¿Quién no ha dormido con una mujer? —pregunta.
—Nadie —responden al unisonó.
—Yo —sorprendida miro a la izquierda del mafioso. Un joven, alto y sonriente mantiene su mentón en alto. Los demás lo miran con ojos abiertos—, soy gay.
Aplaudo orgullosa de sus palabras, a pesar de estar en un grupo peligroso, y donde quizás le puedan hacer algo peor que a mí no escondió su sexualidad. La mirada amenazante que me dedica el mafioso me hace bajar la cabeza.
—No es de mi gusto —escucho decir.
—Le falta pecho —instintivamente llevo las manos a mi senos y lo apretó.
Ofendida le enseño mi dedo antes de hablar.
—A mí tampoco me gustan ustedes.
—¿Enserio? —dice sarcástico el mafioso— Entonces, desnúdate.
—¿Por qué debo desnudarme? No hay razón para que haga eso.
—Examen físico.
El latir de mi corazón se desboca. ¡Acaba de decirlo como si nada!
Trago saliva y el desasosiego me consume.
Hago acopio de mi fuerza de voluntad, una y otra, y otra vez, hasta que puedo hablar.
—¿Por qué? —susurro.
—Tengo que revisar muy bien el cuerpo de la gente que entra en mi casa. No sabes que tipo de cosas desagradables pueden estar escondiendo.
Se acerca, su mirada fría provoca que me encoja. Sus pasos resuenan por la estancia, el hombre de lentes deja unos guantes de cuero en su mano. Cubre sus largos dedos frente a mis ojos. Muerdo el labio inferior cuando alza mi barbilla conteniendo el gemido que desea salir de m boca.
Cierro los ojos con miedo, agarro coraje y vuelvo abrirlos. Tengo el presentimiento que si mantengo los ojos cerrados estaré en grandes problemas. Y como si tuviera fuerza suficiente, siento mi cuerpo envuelto en llamas.
—Desnúdate. Ahora.
—N-no, no lo entiendo, soy un ciudadano común ¿Qué tendría que esconder?
Estoy tan asustada que en cualquier momento se me saldrá el corazón, pero en realidad, estoy asustada por otras razones. Independientemente de lo que pensara, tengo miedo que mi cuerpo reaccione ante la mirada pesada que da este hombre, el cual me tiene salivando por su aspecto: Ardiente, salvaje, carnal.
Los hombres de n***o se acercan, comienzan a tocarme intentando quitarme la ropa ¿piensan que me quedaré quieta? ¡absolutamente no! Comienzo a patalear, forcejeo con ellos. Rasguñó, golpeo, incluso hasta los muerdo y tiro de sus cabellos con tal de no quedar desnuda. Escucho el rasgar de mi ropa y me paralizo, se alejan y observo sus heridas. Me siento orgullosa de mi trabajo, tienen rasguños en el rostro, mordidas en las manos, no sé ni como llegue a sus orejas. Suelto el puñado de cabello que tengo en la mano, les doy una sonrisa tímida.
He sido violenta.
Bajan la mirada al suelo, entonces reaccionó, cubro mi cuerpo como puedo, mando parte de mi cabello delante. Camina hacia mí, con los guantes de cuero puestos agarra mi mentón. Dejo que sus dedos recorran y realicen un examen meticuloso en mi boca.
—Abre.
El sabor salado del cuero hace que sienta nauseas mientras explora mi boca. El de lentes se acerca, abre la boca y la vuelve a cerrar, sin querer suelto un gemido.
—Jefe. Déjeme hacerlo.
Sigue moviendo sus dedos sin prestar atención a sus palabras, sus dedos rozan mi paladar causando que más sonidos salgan. Termina la inspección, elegantemente retira los guantes y los entrega al hombre calvo y tranquilamente se pone un nuevo par.
Escupo, el sabor es asqueroso.
—Salgan.
—¿Adonde van? —ansiosa los llamo— Por favor no me dejen sola... llévenme con ustedes.
Vuelco la cabeza de derecha a izquierda y viceversa, hasta que caigo en cuenta de como estoy. Debí estar conmocionada por la ida de los hombres de n***o que no me di cuenta que el mafioso me dejo contra el escritorio de espalda a él. Respiro entrecortado, siento su aliento rozar mi nuca. Esto es mucho mas peligroso y vergonzoso, con él a solas temo que mis deseos sexuales sean despertados.
—Abre.
—¿Abrir?
—¿Qué demonios? ¿no puedes estar 5 segundos sin hacer preguntas? —exaltada, pego un brinco cuando palmea mi glúteo— Tengo agujeros que revisar.
A pesar de su entrecejo fruncido su voz se mantiene calmada. Su voz es tan sexy como su apariencia. Aunque luchara mi cuerpo reacciono a su cercanía. Suelto un jadeo al sentir sus dedos deslizarse dentro, una mezcla explosivamente deliciosa, es maravilloso. Esbozo una mueca de satisfacción. Perdiendo totalmente los modales, suelto gemidos contenidos. Hace presión en la parte de mi espalda baja y entiendo la referencia. Si piensa que haré lo que quiere esta jodido, de mí solo obtendrá problema, sumisión jamás.
—Oye, creo que es suficiente —digo entre dientes—. No tengo lo que buscas.
Mi cuerpo se siente caliente, mi pulso es errático y mis ansias crecen de una manera sorprendente. Gimo y me remuevo. No se contiene, sus dedos exploran mi interior sin contemplación. Me enloquece, me hace perder la cabeza, decir incoherencias. Mis manos sudorosas se deslizan sobre el escritorio, hago acopio de mi fuerza para no dejarme llevar y que cumpla su cometido.
Uno de sus manos presiona mi cintura con fuerza, causando que mi culo se empine. Siento algo presionando entre mis glúteos. Indicios de un orgasmo arrollador me consume. Si alguna vez pierdo la memoria espero no perder el recuerdo de este espectacular orgasmo que me hace perder la razón y solo sentir.
Nunca imagine que el mafioso fuera causarme tanto temor como interés. ¿Por que no me secuestro antes? He perdido mucho tiempo.
Cierto, antes no tenía un hijo que me secuestrara.
Exploto en una maravillosa nube de sensaciones placenteras. Mis mejillas se tiñen de rosa. No me da tiempo a reaccionar cuando siento como de un momento a otro sus dos grandes y firmes manos se aferran con fuerza a mi cintura para así terminar de unir mi cuerpo con el de él, logrando que soltara un suave pero excitante gemido. Percibo su exquisito perfume envolverme, haciéndome perder gran parte de mi cordura, estoy mojada, excitada y extremadamente deseosa.
Su mirada desciende lentamente sobre mi cuerpo deteniéndose entre mis piernas temblorosas. Su expresión cambia sutilmente, posa uno de sus dedos sobre mi pecho, lentamente lo desliza, un cosquilleo recorre mi interior cuando pasa por mi estomago, sin poder contenerme comienzo a reír como loca. Desde que tengo memoria mi estómago es uno de mis puntos débiles, igual que mis costillas y todo mi cuerpo en general. Llega hasta el bajo de mi vientre dejando rastro de mi excitación.
—No dije que dieras la vuelta —su voz ronca es más sexy de lo que imaginé.
Sin pronunciar palabra alguna extiende su mano. Por un momento pienso que la extiende para ayudarme, pero mi cuerpo es empujado e inclinado, dejando la mitad inferior expuesta.