—¡Damián, lárgate! -grita Fabián, parado en la puerta. Me levanto de la cama, intentando tapar la crema que me puse. Damián también se levanta, la camisa rota donde lo jalé le cuelga del cuerpo. Él sale sin decir nada, y yo me quedo sentada, fingiendo que no puedo cubrir la crema para no mirar a Fabián. Siento cuando se acerca. -O eres muy lista o muy estúpida —me dice con voz grave -. Mira que asegurar un lugar en mi familia provocando a mi hermano, eso no me lo esperaba. Aprieto los puños con rabia. —Lo que quiero es estar lejos de tu "familia" —le respondo con firmeza. —Pues no parece —contesta—. Ya debes saber que Damián tiene su propio dinero, aparte del nuestro. Me levanto para guardar la crema, pero me toma del brazo. Levanto la vista, ya que es mucho más alto que yo, y si

