—No lo sé —respondo con voz baja. —Si lo haces, prometo que te ayudaré —me dice—, ya sea con dinero o, una vez que le des el hijo a mi hijo, veré la forma de que puedas estar cerca de tu hijo sin necesidad de que estés con mi hijo. —Está bien —acepto, resignada—. No tengo otra opción y es un trato justo. Al bajar del auto, suelto un suspiro profundo. Cuando entro, la madre de Fabián está sentada en la sala. Se levanta apenas me ve. —Hija, mira cómo te dejaron —me dice con preocupación—. No te preocupes, se encontrarán a los responsables. Solo necesitamos que nos digas dónde fue, si los viste, cuántos eran... ¿uno o varios? —Mujer, déjala descansar —interviene su esposo—. Está agotada. Le agradezco la intervención y subo a la habitación de siem-pre. Abro el clóset y está vacío, qué

