FABIÁN: —Pero que sea entre nosotros —me dice. —Te puedo hacer el cheque y se los haces llegar —respondo. —Estaría bien —acepta. Me alejo hacia la barra y firmo el cheque que le entrego. —No habrá papel que firmar, solo será tu palabra — le advierto. -Claro —dice, mirando el cheque. —Le puedo pedir a uno de mis hombres que lo lleve —ofrezco. —Sí, por favor, y no digas nada. Ya veré qué les digo yo — me responde. —Como quieras —le digo, llamo a uno de mis hombres y ella le entrega el cheque. Regresamos a la mesa. —¿Qué pasó? ¿Tus suegros tienen problemas económicos? — me pregunta mi abuelo. —No —respondo. Terminamos de cenar. —Tengo sueño —dice Diana. —Nosotros iremos a nuestra habitación —le digo levantándome con ella. Subimos y apenas cierro la puerta, la pongo contra ella

