Veo a mi madre y las hojas que tengo en las manos, las dejo sobre la mesa mientras me siento de golpe. Mi celular suena y respondo al ver que es el abogado. —¿Ya le llegó la notificación? —me pregunta. —Sí —respondo bajito. —Es muy importante que no falte, si no el juez lo verá como que no quiere cooperar —me advierte. Me masajeo la sien; el estrés me está doliendo la cabeza. —Necesito que venga hoy. —¿Ahorita? —pregunta. —No ahorita, pero sí hoy —le digo. —Bien, mándeme la ubicación y llegaré en cuanto pueda. Termino la llamada y le mando la ubicación. —¿Quién era? —me pregunta mi madre. —Mi abogado —respondo. Sigo trabajando con mi madre hasta que cae la noche. —Me iré con mi nieta y la niñera, así hablas con tu abogado con calma —me dice. —Gracias —le respondo. Me despido

