Estaba actuando como un maldito adolescente enamorado. ¡No podía dejar que ella se vaya! La noche anterior no había podido conciliar el sueño gracias al mensaje que me había enviado. Y lo único que pude hacer fue mirar sus fotos mil veces y pensar en lo tierna y linda que era conmigo. Estaba perdido, porque me estaba comenzando a encariñar mucho con ella. Era ilógico, ya que no la conocía en persona, pero me gustaba y mucho. Me encantaba lo inocente que era, me encantaba hablar con ella hasta la madrugada y decirle cosas lindas. Además, todo el mundo sabía que yo no era exactamente un chico tierno, pero con ella había descubierto esta nueva faceta mía. No entendía por qué había algo en ella que no me permitía ir más allá, siempre me ponía excusas para no conocerme. Carolina construía

