Aún no había respondido el mensaje de aquel chico. Estaba en el dilema de hacerlo o no.
Dejando fuera a los pervertidos que me pedían fotos desnuda, solía responder todos los mensajes nuevos, pero las conversaciones siempre llegaban a un punto muerto y luego se acababa todo.
Tenía un par de amigos que había hecho y con los cuales hablaba todos los días. Uno vivía en México y el otro era de Costa rica, ambos me agradaban mucho y hacían mis días más llevaderos con sus típicas bromas.
Sabía que esta situación podía parecer de lo más enfermiza de mi parte, pero yo tenía muy claro el límite entre ser la chica de la foto y yo misma. Las fotografías solo me ayudaban para poder socializar sin vergüenza, de tal manera que cuando hablaba con los demás mi personalidad no cambiaba. Seguía siendo yo misma.
Dios, ya estaba sobre analizando la situación. Solo tenía que responder el maldito mensaje, no era como si no lo hubiera hecho anteriormente.
Con los días, me aburriría de él y comenzaría a hablar con otros chicos. Siempre era así.
>; me reproché.
Holaa, bien ¿y tú?
Bloqueé el teléfono y me levanté de la cama para ir a cocinar algo para que papá pudiera comer.
—¡Carolina! Quiero que traigas tu maldito trasero aquí —el grito de mi padre me hizo correr hacia el primer piso con una velocidad casi sobrenatural.
—¿Qué ocurre? —observé su silueta con recelo—. ¿Necesitas algo?
—¿Por qué no estás en ese maldito colegio al que vas? —preguntó con fastidio. Lo observé sin comprender y luego medí mis palabras antes de soltarlas.
—Me retiraste del colegio hace dos semanas. Dijiste que no tenías para pagarlo y que retomaría el próximo año —le recuerdo con la voz débil. Pensar en eso me hacía sentir horrible, porque ya no tenía una motivación para levantarme de la cama y me sentía incluso más sola que antes.
—¡Es verdad! Pero ahora solo pienso en que tengo hambreee —alargó las palabras y luego se tambaleó hacia la cocina. Era demasiado visible que no se encontraba sobrio.
—Ahora iré a cocinar algo —caminé tras él y comencé a preparar algo rápido para el almuerzo.
Mi padre generalmente no era violento conmigo y nunca iba más allá de los gritos, pero aún así le tenía cierto miedo. No era bueno explorar mucho los límites de su paciencia.
Suspiré con pesar y tomé mi teléfono mientras esperaba que el agua hirviera.
Actualicé la aplicación y me encontré con la respuesta de Aaron.
Ahora que me respondes, mucho mejor ¿Cuántos años tienes, bonita?
Le sonreí a la pantalla y escribí una rápida respuesta.
Tengo 19 años, ¿y tú?
Comencé a preparar una sopa instantánea, porque con lo ebrio que mi padre se encontraba no notaría la diferencia entre un plato de carne y esto. Tampoco es como si hubiera algo más para preparar. El dinero se había depositado hace dos semanas y papá ya se lo había gastado.
Mi teléfono comenzó a vibrar nuevamente y lo tomé mientras servía un plato de sopa para papá.
“Qué coincidencia, yo también. Al parecer tenemos muchas cosas en común… ¿Quieres ser mi novia? ”
Solté una carcajada y bloqueé el teléfono.
Este chico era imposible.