Para algunos es agradable vivir en una ciudad tan pequeña como ésta, pero para mí era un gran problema, ya que estaba cursando el último año del colegio y aún no decidía si irme de la ciudad o quedarme en la única universidad del sector. Por un lado, nada me ataba a quedarme, pero aun así, algo me hacía creer que si me iba tendría que hacerme más responsable, y yo no era exactamente eso.
Mamá me ha criado sola y al ser hijo único, siempre he sido muy apegado a ella y no he tenido mayores responsabilidades. No sabía cocinar, ni mucho menos lavar la ropa y para ser sincero, no quería irme y tener que estar solo en una ciudad nueva, aprendiendo a sobrevivir sin mi madre.
De cualquier manera, aún quedaban unos meses para tener que decidir y por lo tanto, aún debía asistir al colegio y rendir al máximo.
—¡Hey, malditos! ¿Qué pasa? —saludé a lo lejos. Acorté la distancia hacia mi grupos de amigos, que ya se encontraban en la entrada del colegio y me dediqué a saludarlos uno a uno.
—¿Dónde mierda estabas? —preguntó Kevin—. Pensamos que ya no llegarías.
—Vine caminando —me encogí de hombros y él asintió de manera despistada.
—¡Aaron, mira esto! —asentí al llamado y observé con curiosidad. Noté como miraban sus teléfonos y comentaban entre ellos con risas.
—¿Qué ocurre? —pregunté.
—Hemos encontrado una aplicación donde puedes chatear con otras chicas del país. ¡Mira éstas! —me entregó su teléfono y pude ver que habían fotos de varias chicas. Arriba de cada foto decía su nombre, edad y dónde vivían.
—Oh... —continué deslizándome entre las fotografías hasta que el rostro de una hermosa rubia llamó mi atención. Según la aplicación se llamaba Carolina.
—Ven, dame tu teléfono y te creo un perfil —saqué mi teléfono y se lo entregué mientras seguía observando la fotografía de aquella chica.
—Quiero hablar con ella, enséñame a usar esta mierda —señalé la fotografía y mi amigo soltó una enorme carcajada y asintió con la cabeza.
Luego de unos minutos ya estaba comprendiendo como funcionaba todo, así que no perdí más tiempo y le envié un mensaje a Carolina.
—No va a responder —Marcos soltó una risa burlesca en mi dirección. Arrugué la frente y lo observé con confusión.
—¿Por qué no? —me crucé de brazos y alcé una ceja.
—Tiene muchos seguidores —mi mejor amigo se encogió de hombros y me palmeó el hombro.
—Ya veremos —le guiñé un ojo y volví a tomar mi teléfono.
Quizá no respondería a la primera, pero yo no me daba por vencido con facilidad.
Constante era mi segundo nombre. Bueno, no de manera literal, pero se entiende mi punto.
Ella terminaría hablándome si o sí.