2. Aaron

493 Words
Para algunos es agradable vivir en una ciudad tan pequeña como ésta, pero para mí era un gran problema, ya que estaba cursando el último año del colegio y aún no decidía si irme de la ciudad o quedarme en la única universidad del sector. Por un lado, nada me ataba a quedarme, pero aun así, algo me hacía creer que si me iba tendría que hacerme más responsable, y yo no era exactamente eso. Mamá me ha criado sola y al ser hijo único, siempre he sido muy apegado a ella y no he tenido mayores responsabilidades. No sabía cocinar, ni mucho menos lavar la ropa y para ser sincero, no quería irme y tener que estar solo en una ciudad nueva, aprendiendo a sobrevivir sin mi madre. De cualquier manera, aún quedaban unos meses para tener que decidir y por lo tanto, aún debía asistir al colegio y rendir al máximo. —¡Hey, malditos! ¿Qué pasa? —saludé a lo lejos. Acorté la distancia hacia mi grupos de amigos, que ya se encontraban en la entrada del colegio y me dediqué a saludarlos uno a uno. —¿Dónde mierda estabas? —preguntó Kevin—. Pensamos que ya no llegarías. —Vine caminando —me encogí de hombros y él asintió de manera despistada. —¡Aaron, mira esto! —asentí al llamado y observé con curiosidad. Noté como miraban sus teléfonos y comentaban entre ellos con risas. —¿Qué ocurre? —pregunté. —Hemos encontrado una aplicación donde puedes chatear con otras chicas del país. ¡Mira éstas! —me entregó su teléfono y pude ver que habían fotos de varias chicas. Arriba de cada foto decía su nombre, edad y dónde vivían. —Oh... —continué deslizándome entre las fotografías hasta que el rostro de una hermosa rubia llamó mi atención. Según la aplicación se llamaba Carolina. —Ven, dame tu teléfono y te creo un perfil —saqué mi teléfono y se lo entregué mientras seguía observando la fotografía de aquella chica. —Quiero hablar con ella, enséñame a usar esta mierda —señalé la fotografía y mi amigo soltó una enorme carcajada y asintió con la cabeza. Luego de unos minutos ya estaba comprendiendo como funcionaba todo, así que no perdí más tiempo y le envié un mensaje a Carolina. —No va a responder —Marcos soltó una risa burlesca en mi dirección. Arrugué la frente y lo observé con confusión. —¿Por qué no? —me crucé de brazos y alcé una ceja. —Tiene muchos seguidores —mi mejor amigo se encogió de hombros y me palmeó el hombro. —Ya veremos —le guiñé un ojo y volví a tomar mi teléfono. Quizá no respondería a la primera, pero yo no me daba por vencido con facilidad. Constante era mi segundo nombre. Bueno, no de manera literal, pero se entiende mi punto. Ella terminaría hablándome si o sí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD