El susurro en las ramas

1354 Words
El amanecer llegó con un cielo apagado, teñido de gris, no se oía el canto de los pájaros ni el sonido de los autos en la lejanía, todo era quietud, como si el mundo contuviera la respiración. Clara despertó en su cama o al menos eso creyó... La luz que entraba por la ventana era tenue, demasiado difusa para ser natural, el reloj marcaba 07:06 am, pero el ambiente parecía su pendido en un crepúsculo eterno. Se sentó con lentitud, sintiendo su cuerpo, extraño, pesado, frío, su piel tenía un tono más pálido de lo habitual, casi translúcido y sus venas, ahora visiblemente oscuras, parecían ramificarse como raíces bajo la dermis. Un temblor le recorrió la espina dorsal, no de miedo, sino de intuición, algo dentro de ella había cambiado, algo profundo, visceral. La noche anterior no había sido un sueño, recordaba cada paso que dio en el bosque, cada hoja húmeda bajo sus pies, cada susurro que la guiaba más allá del sendero habitual, más allá umbral entre el mundo humano y otro que respiraba entre las sombras. Recordaba también la figura, alta, delgada, sin rostro reconocible, con extremidades largas, retorcidas como ramas secas, había emergido desde el interior de un roble hueco, rodeado de una neblina rojiza que olía a tierra podrida y hierro. ---¿Me ofreces tu alma por venganza, Clara? ¿Estás dispuesta a ser más que humana?,--- había preguntado la voz compuesta de ecos. Ella no respondió con palabras, el dolor la había llevado más allá del juicio, solo asintió, sintiendo como su pecho se abría, sin tocarse, como algo entraba y se fundía con su esencia. Ahora, en su cama, sabía que ya no estaba sola dentro de su piel, había algo más, algo desconocido. Se levantó, bajo a la cocina, como lo hacía siempre... La cafetera eléctrica no funcionaba, tampoco el reloj de la cocina, el teléfono fijo estaba muerto, Clara encendió la radio, pero solo se escuchaba estática, pensó que la tormenta había causado una falla eléctrica... hasta que encendió la televisión y vio las noticias. Apariciones extrañas en el bosque de San Lázaro... varios testigos afirman haber escuchado voces sin cuerpo, la policía ha acordonado la zona tras la desaparición de una joven estudiante, el padre de la víctima asegura haberla visto cruzar la línea de árboles durante la luna roja. Desde entonces, no se ha sabido nada de ella... Clara apagó el televisor, sabía exactamente de qué bosque hablaban, del mismo en el que ella había entrado, el mismo que ahora parecía susurrarle incluso desde la distancia. El aire se tornó espeso durante la tarde, Clara trato de continuar con su rutina, pero todo a su alrededor parecía ralentizado, como si el mundo no quisiera moverse mientras ella estuviera despierta, salió al jardín trasero. Las plantas que había cuidado durante años estaban musitas, el césped tenía una capa de moho n***o y las flores parecían inclinarse a su paso. El cielo no cambiaba, seguía con ese tono ceniciento, la luna roja, aunque no visible, parecía latir bajo la piel del mundo. Fue entonces cuando vio al cuervo... estaba posado sobre la rama del olmo, mirándola con sus ojos completamente blancos, no emitía sonido, solo observaba, inmóvil, Clara sintió como una punzada de calor le recorrió el pecho, se acercó al árbol y al dar un paso más, el cuervo alzo vuelo y dejo caer algo que aterrizo a sus pies. Era una pluma negra, brillante, pero extrañamente cálida al tacto, cuando la toco una imagen se formó en su mente, la figura del bosque de pie junto a un cuerpo... el rostro de Esteban. Clara soltó la pluma y cayó de rodillas, jadeando, no por miedo, sino por una certeza que ardía como un tatuaje fresco, la transformación había comenzado. Esa noche, volvió a soñar o eso creía... Estaba nuevamente en el bosque, pero ahora lo veía con otros ojos, no era un lugar oscuro o amenazante, era un templo, las raíces respiraban, los árboles se mecían en silencio, y el viento no era viento, sino voces, voces que susurraban su nombre con devoción. Clara Clara Clara La figura volvió a aparecer, esta vez surgió desde el suelo, como si el mismo bosque le diera forma, tenía un rostro, o algo que se le asemejaba, una máscara de madera vieja, cubierta de musgo, ojos vacíos, boca cosida. --- La marca está hecha, pronto verás lo que duerme dentro de ti,--- dijo la figura ---¿Qué soy ahora?,--- pregunto Clara --- La justicia de los olvidados, la voz de los traicionados, un canal para los que fueron silenciados,--- respondió la figura Clara sintió como su columna se estiraba, como sus uñas se afilaban, como sus sentidos se expandían, veía más allá del sueño, más allá del bosque. Y también lo vio a él... Esteban en su departamento con la joven mujer, ambos riendo, ambos sin culpa, ambos sin miedo. --- Dame la fuerza, déjame hacerlo pagar,--- murmuro Clara. --- Todo a su tiempo, tu hambre crecerá, tu poder también, pero primero hay que limpiar el hogar,--- respondió la figura. Clara despertó con la garganta seca, había tierra bajo sus uñas, el piso junto a su cama estaba lleno de hojas secas y lodo, su pijama estaba rasgado como si hubiese corrido entre ramas, un aroma a bosque llenaba la habitación. ---¿Fue un sueño?,--- se preguntó Clara en voz alta. Pero ya no lo creía, no había más sueños, solo visiones, despertares, pruebas. Fue al espejo del baño, su reflejo, tembló, literalmente... durante un segundo no se movió con ella, parpadeo después, sonrió mientras ella no lo hacía. Y en sus ojos, ya no había solo humanidad, había sombras, antiguas, voraces, Clara toco el cristal, una risa se escuchó detrás de su oído, aunque estaba sola y no era la suya. Esa misma tarde, recibió una visita inesperada, Laura, su vecina, de unos cuarenta años, amable, metiche, siempre pendiente de los demás. --- Clara, querida... ¿Todo bien?, vi que Esteban ya no está... y bueno, no quería entrometerme, pero...--- pregunto Laura con un gesto de preocupación forzado. --- Se fue, lo descubrí,--- respondió Clara con voz suave Laura abrió los ojos con fingida sorpresa, siempre supo, las paredes del vecindario hablan más que las personas. --- ¡Ay, Clara!, no sabes cuanto lo siento... él... bueno, ya sabes cómo es, siempre tan carismático, pero nunca de fiar, si necesitas algo...--- La mujer no terminó la frase, se quedó mirando fijamente los ojos de Clara. ---¿estás bien?... tus... tus ojos, --- Clara la observo, su voz era un susurro profundo, un eco del bosque, ---¿qué ves en ellos, Laura?--- La mujer no supo qué decir, se despidió apresurada, Clara, en cambio, se quedó en la puerta, observándola alejarse con pasos temblorosos. Los efectos del vínculo eran visibles para aquellos que aún tenían algo de sensibilidad, Laura lo había sentido y eso la marcaba. Esa noche, Clara encendió todas las velas de la casa, preparo un círculo de sal en el piso del comedor, como si el instinto la guiara, en el centro, coloco la pluma del cuervo, una fotografía de Esteban, y una vela negra. --- Que los traicionados sean mi escudo, que los ojos de la sombra me guíen, que la verdad caiga como ceniza sobre los culpables,--- recito Clara La llama de la vela se tornó azul, el aire giro en la habitación, y una voz hablo desde todos los rincones a la vez. --- Estás lista, --- Esteban empezó a soñar con ella, la veía parada al pie de su cama, cubierta de barro, sus ojos oscuros como pozos sin fondo, cada noche más cerca, cada noche su voz más clara. --- No puedes esconderte, --- Esteban despertaba sudando, con el corazón al límite, la joven mujer con la que estaba ya no le ofrecía consuelo, el departamento se llenaba de susurros, de pasos en la madrugada, de sombras que se movían sin razón. Esteban intentó llamar a Clara, ella no contestó, y aunque él no creía en brujerías, empezó a orar, empezó a temer.
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