Clara no recordaba cuándo comenzó exactamente. Al principio, pensó que eran sueños, imágenes vagas, sensaciones extrañas, ecos en la penumbra que apenas lograban arañar la superficie de su consciencia. Pero con el paso del tiempo, esos sueños se volvieron constantes… y después, dejaron de ser sueños.
La primera vez que sintió verdaderamente su presencia, estaba sola en casa, era una tarde lluviosa persistente, el tipo de lluvia que transforma las calles en un murmullo. Clara preparaba té, los dedos ligeramente temblorosos al sostener la taza caliente y entonces un escalofrío recorrió su espalda.
No era frio, no del tipo que se combate con una manta, era una sensación mas profunda. Era mas intima, coml si alguien la estuviera observando desde un rincón de la realidad que no podía ver, pero que sí podía sentir.
Volteo de golpe... nada o eso parecía.
A partir de ese día, comenzaron a manifestarse con más claridad, no eran figuras definidas, no tenían ojos, ni bocas. Pero estaban ahí, como manchas en el aire, grietas en la luz, las llamaba "las sombras ", aunque no estaba segura de que eso las definiera del todo, eran más antiguas que la oscuridad misma y de algún modo, solo a ella parecían interesarle.
---¿ Qué quieren de mí?,--- pregunto una noche, la voz apenas un hilo audible.
No hubo respuesta, solo el crujido sutil de una puerta atrás de ella, Clara giro lentamente, su reflejo en el espejo del pasillo la observaba fijamente, más pálido de lo normal. Pero era su rostro, solo el suyo ¿ o no?.
Las sombras nunca hablaban con palabras, se insinuaban en gestos apenas perceptible en un susurro en el viento, un apagón súbito, el olor de tierra húmeda en una habitación cerrada. A veces se manifestaba en sueños, no como pesadillas, sino como recuerdos que no le pertenecían.
Uno en particular se repetía con frecuencia, una habitación sin ventanas, con paredes cubiertas de espejos y una niña que lloraba en el centro, rodeada por figuras borrosas qué parecían consolarla o vigilarla, nunca lograba acercarse lo suficiente para ver los rostros, cada vez que lo intentaba despertaba jadeando.
Clara no lo hablaba con nadie, no por miedo a que no le creyeran, sino porque sentía, con certeza que al hacerlo las sombras se volverían más reales, más presentes y aun no estaba lista para eso.
Fue en la biblioteca que todo cambió...
Un día cualquiera, hojeaba libros antiguos buscando algo que ni ella podía nombrar. Tal vez solo un respiro, pero un tomó sin título, sus tapas de cuero oscuro y con una marca extraña en la portada, atrajo su atención. Cuando lo abrió, no encontró letras, solo dibujos, círculos, símbolos, una figura se repetía en varias páginas, una mujer rodeada por una negrura vibrante, como si fuera parte de ella.
Al tocar la imagen, algo en el aire cambió... no de forma ruidosa, todo lo contrario, el silencio se volvió tan denso que dolía. Clara cerró el libro de golpe, pero ya era tarde, la biblioteca había cambiado, las sombras estaban ahí, no como manchas o suspiros, no, esta vez se movían.
No hacía ella, alrededor de ella... como si la reconocieran.
Clara salió corriendo, no miró atrás, pero las sombras la siguieron, no con pasos ni gritos. las llevaba consigo, como si se hubieran adherido a su sombra.
Las noches se volvieron más largas, más densas, Clara dejo de dormir, cuando cerraba los ojos, los sentía más cerca, más inquisitivos, nunca agresivos, solo expectantes.
Empezó a notar cosas extrañas, animales que la evitaban, personas que parecían distraídas al hablarle, como si no pudieran concentrarse del todo. Los relojes de su casa se detenian cada vez a las 3:11 am y siempre a esa hora un susurro rascaba el aire.
--- Clara...---
Solo su nombre, siempre su nombre, nunca una orden, nunca una súplica, solo el eco de algo que se acercaba.
Una noche, harta del miedo, decidió enfrentarlas, apago las luces de su casa, se sentó en el centro de su sala, en silencio absoluto y espero.
La oscuridad pareció respirar a su alrededor y las sombras llegaron no como presencias externas, sino como parte de ella. Clara entendió, en ese instante suspendido en el tiempo, que no eran ajenas, que siempre habían estado allí, que las había olvidado.
----¿Por que ahora?,--- susurró Clara
No hubo respuesta...
Pero sintió algo, una emoción que no era suya, anhelo, coml si hubieran esperado años, décadas, vidas. Una conexión dormida que por fin despertaba, Clara tembló, no de miedo, sino de reconocimiento.
Y entonces, vio los ojos... no en las sombras... en su reflejo.
Por un segundo fugaz, sus ojos no eran los suyos, eran más oscuros, más profundos, como pozos sin fondo, parpadeo y desaparecieron, pero el impacto quedó.
Desde entonces, las sombras se volvieron constantes, invisibles a los demás, pero no a ella. La seguían en todo momento, como si custodiaran cada paso que daba, en el supermercado, en la oficina, incluso bajo el sol del mediodía.
Nunca interferian, solo observaban y en susurros qué no podía descifrar, la llamaban.
La gente empezó a alejarse de Clara, amigos dejaban de responder, colegas evitaban el contacto visual. incluso su hermana Julia, comentó una vez en tono bajo...
---No sé que te pasa, Clara, pero hay algo raro en ti últimamente... como si...no estuvieras sola,---
Clara no respondió, ¿ cómo explicarlo? ¿ Cómo describir que lo que la acompañaba no podía verse ni tomarse, pero pesaba más que el aire mismo?
Una noche, encontró una carta bajo su almohada, no reconoció la letra, el papel olía a humo, solo una línea escrita con tinta roja...
"Lo has recordado, pronto lo comprenderas".
No firmaba nadie, pero ella supo, sin lugar a dudas, que no era un mensaje humano.
Esa noche soñó con fuego, con un bosque ardiendo y voces que la llamaban desde el humo. Despertó con las manos negras de hollín, pero no había fuego en su casa, nada se había quemado.
Las sombras no buscaban hacerle daño, lo comprendía más cada día, pero tampoco eran benevolas. Eran... algo más... algo antiguo que había estado con ella desde siempre, que ahora despertaba, igual que ella.
El reflejo volvió a cambiar, no en el espejo, sino en el vidrio de su ventana, una noche vio una figura a su lado. La forma de una mujer alta, de cabello suelto, parecía su silueta... pero no era suya, cuando giró, no había nadie. Solo su reflejo, solo ella ¿ o acaso era la otra?.
Clara ya no hacía preguntas, sabía que pronto vendrían las respuestas, pero no como las imaginaba. No en esa forma de frases lógicas, las respuestas llegarían en forma de presencia, de revelación y cuando llegarán... ya no sería la misma.
Las sombras la preparaban, no sabía para qué, pero lo sentía, como se siente la tormenta antes de que caiga la primera gota. Cono se percibe el silencio justo antes del grito.
Algo se acercaba.... y Clara ya no tenía miedo.
Esa noche al dormir un susurro en su oído... lo de Esteban fue el comienzo.... pronto tendrás tu venganza...