La casa de Clara estaba en completo silencio, no el silencio común de una noche tranquila, sino un vacío absoluto de sonido, como si el aire mismo contuviera el aliento.
Las sombras se deslizaban por los rincones, agitadas, expectantes. Clara, en su habitación, preparaba el siguiente paso, las sombras tenían hambre podía sentirlo, tenía que hacer algo antes que ellas, reclamarán saciar esa hombre por cuenta propia.
La habitación estaba completamente oscura, excepto por la luz roja de velas dispuestas alrededor de un enorme pentagrama pintado con una sustancia espesa, casi negra, que olía a óxido y muerte. Los símbolos que rodeaban el círculo no era de ningún idioma conocido, curvas retorcidas, lineas interrumpidas, símbolos que parecían moverse solos cuando uno los miraba demasiado tiempo.
Ella no recordaba haber dibujado el pentagrama, al despertarse una mañana ahí estaba.
Clara se desnudo lentamente, no por vanidad, sino porque así lo exigía el ritual.
Cada prenda que dejaba caer se consumía entre susurros oscuros, su piel pálida, marcada por pequeñas venas anuladas, reflejaban la luz de las velas. Su cabello caía como un velo sobre su espalda.
Las sombras se apañaron alrededor del círculo, coml animales hambrientos, la observaban sin ojos, la deseaban sin lujuria, la necesitaban sin amor.
Clara dio un paso al interior del pentagrama, el suelo bajo sus pies estaba helado, casi vivo. Cerró los ojos y comenzó a moverse al ritmo de un tambor que no existía, su cuerpo daba con gracia perturbadora, como si cada movimiento desafiara las leyes del mundo físico, no era una danza humana, era una invocación.
A medida que giraba, las velas parpadeaban, y los símbolos comenzaban a brillar con una luz rojiza. El pentagrama latía bajo sus pies, como si respirara, Clara alzó los brazos, y su voz surgió profunda y gutural, entonando palabras que su boca nunca había pronunciado ante...
--- Zal'ak norh...shal'tem moak...Eya zuur...Eya zuur...---
Las sombras respondieron en un susurro unánime, un canto fúnebre qué se alzaba como humo en la oscuridad. El aire se volvió más denso, las paredes comenzaron a sangrar, Clara giraba más rápido, sus ojos en blanco, su cuerpo cubierto de sudor y manchas de sangre que brotaba de la nada.
En el centro del círculo, el espacio comenzó a distorsionarse, una abertura se formó, un agujero en la realidad misma. De el surgieron tentáculos de sombra, manos huesudas, y un rostro sin forma, las sombras se arrodillaron ante él.
Clara se detuvo, jadeando, su cuerpo temblando por el esfuerzo, la figura habló su voz una mezcla de lamentos y crujido...
--- El siguiente debe temer, debe suplicar, deuda crecerá y debe ser saldada con sangre,----
Ella asintió, aun de pie en el círculo, --- estoy lista para ofrecerlo,---
La figura señaló hacia la pared, donde apareció una imagen, el carnicero, un hombre grande, tosco, con manos qué alguna vez tocaron a Clara sin su consentimiento. Se reía en la imagen cortando carne, ignorante de su destino.
Las sombras comenzaron a moverse con más rapidez, el aire se agitaba como si una tormenta invisible estuviera por estallar. Clara salió del círculo tambaleándose, sucuerpo caía de rodillas mientras los símbolos se desvanecian lentamente.
Se arrastró hasta una mesa y tomó un cuchillo ritual, largo, curvo, con inscripciones similares a las del círculo. Lo sostuvo con ambas manos y lo alzó sobre su cabeza, como quien sostiene un juramento, sus ojos lloraban lágrimas negras.
---Por cada herida que me hicieron, uno caerá, ---
Esa noche Clara salió al jardín trasero, no vestía nada más que una túnica negra, tejida con hilos de sombra. En la palma de su mano llevaba una flor muerta, y en la otra un puñado de tierra recogida del cementerio del pueblo. Las sombras la guiaron hacia un árbol seco, cuyas ramas parecían dedos huesudos alzados al cielo.
Enterró la flor bajo el árbol, mientras recitaba en voz baja...
---Lo que nace del odio, florece en sangre,---
La tierra tembló, una figura se alzó entre las raíces, una criatura sin piel, de ojos ciegos y boca cocida.Se arrastró hasta ella, se inclinó y espero, Clara le ofreció la tierra.
--- Encuentra al hombre de las carnes, hazle probar su propia crueldad. ---
La criatura se desvaneció en la noche, como polvo arrastrándose por el viento. Clara cayó de rodillas, exhausta, las sombras la envolvieron como un manto, susurrandole promesas Promesas que no comprendía, pero aceptaba.
Horas después, en la carnicería del pueblo, el carnicero estaba solo, se había quedado hasta tarde limpiando. El lugar olía a grasa y sangre vieja, de pronto, las luces parpadearon, un chillido metálico se oyó desde la habitación frigorífico.
El carnicero frunció el ceño... --- ¿ Quién anda ahí?,---
Nadie respondió, tomó un cuchillo grande y
camino hacia la puerta del fondo, él frío era anormal, cuando la abrió, vio que todas las carnes colgaban al revés, como si hubieran sido manipuladas, el el centro de la habitación una figura lo esperaba.
Clara, desnuda, cubierta de símbolos, con los ojos encendidos como brasas.
---¿Qué demonios...?,--- balbuceó él
Pero las sombras se movieron primero...
El carnicero sintió que el cuchillo temblaba en du mano, como si incluso el acero quisiera huir de aquel lugar. El olor metálico de la sangre impregnaba cada rincón, pero ya no era el aroma habitual de su oficio, era más denso, más putrefacto, como si la carne colgada hubiera empezado a descomponerse en cuestión de segundos.
Clara no se movía, solo lo observaba con aquella mirada incandescente que le quemaba el alma. Los símbolos que recorrían su piel brillaban tenuemente, pulsando coml si fueran venas vivas. Sus labios se curvaron en una sonrisa lenta, inhumana, y el aire se lleno de un murmullo bajo, un susurro que parecía provenir de todas partes y de ninguna.
---No... No te acerques...,--- gruñó el carnicero alzando el cuchillo.
Entonces, las sombras se agitaron, se desprendieron de las esquinas, de debajo de la mesa, de los rincones más oscuros, como si hubieran estado esperándolo. Al principio eran como nanchas líquidas, pero pronto adoptaron formas retorcidas, brazos alargados, garras qué no eran de este mundo, bocas abiertas en un grito eterno.
El hombre trato de retroceder, pero sus pies se hundieron en el suelo húmedo como si la sangre misma lo atrapara, intento levantar el cuchillo, pero una sombra lo envolvió, retorciendo su muñeca con una fuerza descomunal, el metal cayó al suelo con un estrepito sordo.
---¡Suéltame!,--- rugio, su voz quebrada por el miedo.
Las sombras obedecieron...pero solo para abrirlo.
De un tirón, las garras rasgaron su brazo, desgarrando carne. tendones, el grito del carnicero resonó en la habitación. Chocando contra las paredes como un eco, que no quería apagarse. Otra sombra le arranco el delantal y las cuchillas colgantes comenzaron a balancearse solas,como meciendose al ritmo de un viento que no existía.
---No.... no, por favor...,--- suplico él, cayendo de rodillas.
Las sombras no tuvieron comprensión, una de ellas se deslizó por su garganta, fría como hielo, y apretó, el hombre jadeo, sus ojos saliendose de las órbitas. Otra sombra más grande, emergio del suelo y atravesó su pecho ,la carne se abrió como manteca bajo un cuchillo al rojo vivo, y la sangre brotó en un chorro qué salpicó las carnes colgadas, tiñendolas de rojo oscuro.
Clara seguía parada inmóvil como una sacerdotisa.
--- Mi venganza a comenzado,---
Las sombras retrocedieron lentamente ocultándose en una esquina, satisfechas por ahora...