CAPÍTULO 1
Darleen
—Prende, jodida mierda —murmuro intentando que mi auto encienda de una vez por todas.
Hace un ruido y luego se apaga. Suspiro agotada; llevo más de dos horas aquí, en medio de una carretera desierta, y tengo miedo. No llevo mi celular porque, gracias a salir corriendo de casa de mi ex, dejé todo.
Aunque eso era de esperarse. Ese idiota me llama para arreglar las cosas y lo encuentro muy entretenido con mi peor enemiga. Maldito bastardo, al parecer meter su lengua hasta el fondo de su garganta le hizo olvidar que yo iba a su casa.
Dejo caer el peso de mi espalda contra el sillón. Quiero irme a casa y llorar un rato; no soy de esas chicas que se deprimen, pero ¡j***r!, mi orgullo de mujer está por los suelos. Salgo fuera y no veo un alma cerca de este lugar. Ahora sí que me voy a j***r. Yo, que era y soy tan buena.
Camino alrededor de la chatarra que me está haciendo pasar un horrible momento. En mi tensión golpeo el capó con enojo. Estúpido idiota, perdió a una mujer increíble por alguien que seguro ha follado más veces de las que yo me he bañado. Y esas son muchas.
No entiendo a los hombres, la verdad que no. Se quejan de que la mujer ideal no llega a su vida, pero cuando llega lo primero que hacen es follarse a otra. ¿Para ser una cornuda quieren que llegue la ideal?
Miro al cielo, como si fuera realmente el culpable de que yo tenga un estúpido exnovio. En este momento quiero estar en casa comiendo mucho chocolate mientras escucho una canción corta venas y lloro desconsoladamente. Ese suena como un muy buen plan, pero creo que ese bastardo ni eso se merece; no merece que derrame una sola lágrima por él.
El día está un poco nublado y tengo miedo de que llueva; no soy fanática de estar en medio de una carretera solitaria mientras cae la lluvia. Ya demasiadas películas he visto a lo largo de mi vida como para saber que siempre aparece un asesino loco con ganas de no dejar en paz a una persona sin culpa. No quiero morir asesinada. Sin planearlo, miles de imágenes escalofriantes vienen a mi mente. Creo que dejaré de ver tantos documentales en YouTube.
Me recargo en la puerta. Cruzo mis brazos, mi ceño se frunce y arrugo mis labios. Esa es la expresión que adopto cuando estoy molesta, frustrada o muy confundida.
Escucho el ruido de una moto venir de no sé dónde. Me pongo firme y miro con la esperanza de que pase alguien que pueda ayudarme. Logro visualizar a la distancia que alguien se acerca. Casi suspiro de emoción. Hago señas extrañas para que se detenga; incluso creo que pasa por mi mente la idea de quitarme la camisa que llevo y subirla a lo alto de mi brazo para que la persona que viene me vea. Que me vea y me ayude a llegar a casa.
Suspiro con alivio al ver que se detiene. El chico quita su casco y juro que me veo babear. Este chico tiene que ser una especie de modelo caliente, actor porno o algo así. ¡j***r, está para chuparse los dedos!
Sus ojos son de color azul, un hermoso azul que viene acompañado de su impresionante cabellera negra; es fuertemente delgado. Y al mirarme me sonríe. Mis bragas, por Dios.
A pesar de que mi ex me haya hecho una cornuda, soy una chica muy hormonal y perversa. Así que el hecho de que yo esté ahora fantaseando con él no es nada extraño.
—¿Necesitas ayuda? —creo que es con urgencia que mis bragas necesitan ser sujetadas.
—Sí, mi carro se descompuso y estoy estancada aquí —le doy una linda y amable sonrisa.
—Bueno, yo puedo llevarte hasta donde me digas y luego puedes venir por el auto. No sé reparar autos, lo mío son las motos —le sonrío.
Debería en este momento acordarme de que mi exnovio, lo que sea, esté de seguro follando como conejo, pero este espécimen de hombre que apareció solo hace que me plantee la idea de sentarme a poder admirarlo. Sí, así de fuerte es esto.
—¿No eres algún delincuente que me violará y luego venderá mis órganos? —pregunto cruzada de brazos, a lo que él suelta una carcajada.
—Te aseguro que no —pasa un dedo por su labio, eso se ve sexy—. No eres mi tipo —hace una pequeña mueca, a lo que sonrío.
—Eso dolió, extraño —él me sonríe negando—. Baja un poco mi alta autoestima —murmuro con una pícara sonrisa. Él pasa la mano por su pelo, logrando volverlo rebelde y que ande en varias direcciones contrarias.
—No quise bajar tu autoestima —niega divertido—. Eres muy hermosa, si me permites halagar —doy una coqueta sonrisa.
No es despecho, es mi actitud normal frente a un chico guapo, aunque este es condenadamente guapo. Él no es despecho, no es para sentirme mejor porque mi novio esté follando con mi peor enemiga.
—Tú no te quedas atrás —casi suspiro—. Déjame decirte que estás para chuparte —él me da una incómoda sonrisa—. Lo siento, no quise decir eso en voz alta —me sonrojo avergonzada.
—Tranquila... Solo no lo vuelvas a decir —junto mis manos.
—¿Nos vamos? —pregunto.
—Sube —subo detrás de él y me abrazo a su cintura. Su olor masculino se filtra en mis fosas nasales y retengo la tentación de olerlo como desquiciada. ¿Qué?, todos hemos tenido ganas de hacer alguna locura. Pero como siempre, la imagen de mi exnovio se adentra sin permiso en mi cabeza y me siento mal. De verdad lo quiero mucho, pero no voy a llorar por su maldita infidelidad.
La moto cobra vida y chillo por no esperarlo. Él se ríe y yo suspiro como tonta. Al menos mi estupidez le divierte.
—Sujétate fuerte —asiento y me quiero golpear por lo tonto que es eso. Él no te ve, genia, me recuerda mi subconsciente. Ruedo los ojos porque en verdad a veces soy de verdad estúpida.
Lo abrazo y ahogo un jadeo; estoy muy tentada a tocar con profundidad lo que se marca. Es un abdomen demasiado duro que me gustaría…
Alejo esos pensamientos morbosos y me concentro en que yo definitivamente debo estar loca. Solo a mí se me ocurre subir a la moto de un chico que no conozco, pero he de admitir que está más que bueno.
Recuerdo cuando tenía trece años y tuve que tomar el bus sola por primera vez. Amenacé a todos los pasajeros y al mismo conductor con que si me pasaba algo ellos serían los únicos culpables y que los demandaría. Todos me miraron mal y algunos extraños justificaron mi hecho como el de una niña anormal. Eso definitivamente me hirió; llegué a casa y le grité a mi madre que era una niña anormal. Ella dijo que era cierto y entré en depresión solo comiendo.
Tengo una suerte bastante buena, ya que puedo comer mucho y no engordo, mi esqueleto intacto. El aroma del chico es bastante bueno, por lo que me distrae de un momento vergonzoso como fue esa vez en el autobús.
—¿Me guías hacia tu casa? —quiero decirle que lo guío a donde él quiera, pero eso me haría ver como una lanzada de lo peor.
Está bien que esté un poco loca, pero tampoco es que voy a espantar al chico con mis extraños pensamientos que algunas veces no controlo y salen de mi boca.
—Claro —le digo luego de un rato en silencio.
El camino a casa es corto y quiero quejarme; quería pasar más tiempo con este bombón de hombre. Veo mi casa a la distancia y estoy desconsolada, mi corazón llora y mis hormonas sufren.
—¿Cuál es? —su voz hace que casi babee.
—La casa de rosa pastel —murmuro mirando a algunas de mis vecinas que me observan sorprendidas.
Ja, chúpense esa, un chico verdaderamente guapo me trae a casa.
Estoy tentada a gritarles eso, pero lo más seguro es que el chico se espante y me baje de su moto ahora mismo. Eso sería algo más que apuntar en la lista de momentos bochornosos y vergonzosos. Así se llama mi lista y va por un camino muy largo. Qué digo largo, es enorme; creo que será la herencia que mis hijos heredarán de mí. Después de todo es un gran tesoro que guardo, en malas manos y estoy más jodida de lo normal.
La moto se detiene y me bajo de ella. El chico quita su casco y me da una sonrisa deslumbrante. Juro que me contuve para no lanzarme hacia él y apreciarla más de cerca, eso sonó muy acosador. Me doy cuenta de que todos mis dientes se encuentran hacia él formando una sonrisa tan grande que estoy segura de que espantará al chico.
—Muchas gracias —le digo recuperando mi postura. Hormonas, quietas. Ordeno mientras lo repaso sin vergüenza.
—No hay de qué, fue un verdadero placer para mí —habría sido un excelente placer para mí que tu lengua…
—No sé qué habría pasado si tú no vienes y me ayudas, de seguro estaría ahora saliendo en las noticias como la chica que fue violada y luego asesinada en la carretera. Apuesto a que mi fantasma estaría todos los días deambulando por allí —él me da una extraña mirada y yo repaso lo dicho y me quiero golpear por tonta. ¿Cuándo voy a aprender a no tener vómito verbal?
—Ehmm… Me tengo que ir —dice encendiendo la moto.
—Sí —susurro—, de verdad gracias —le digo con una sonrisa.
—De nada —me mira—. ¿Cuál es tu nombre? —pregunta colocándose el casco.
—Darleen —respondo mirándolo.
—Darleen. Lindo nombre —esas son sus últimas palabras antes de acelerar y alejarse de mí. Veo su figura perderse por las calles y solo niego, ya no más belleza que la mía en este lugar. Suspiro y camino para entrar a la casa.
Cuando voy a abrir la puerta ya me encuentro en el suelo sintiendo un dolor horrible en mi trasero. Voy a matar a alguien. Miro hacia arriba y quiero gritarle a Steven, el mejor amigo de mi hermano, lo idiota que es por no fijarse que iba a entrar. Me contengo mis maldiciones cuando mi madre aparece detrás de él.
—Lo siento, Darleen, juro que no te vi —dice sonando arrepentido.
—¿Me dices enana? —pregunto haciéndome la ofendida.
—Sí, espera, ¡no! —una de las cosas que me gusta hacer es molestarlo. Es tan fácil, ya que soy una buena actriz—. Solo no me fijé que venías —dice mirándome suplicante.
—Entonces no soy nadie —digo mirándolo dolida—. No te fijaste en nadie —expreso con supuesto dolor.
—No, yo… Por favor…
—Ya deja de hacerlo sufrir, Dar —dice mi madre y ruedo los ojos.
—¿Dónde está Daniel? —pregunto a mi madre entrando en la casa y buscando con la mirada a mi hermano.
—En su habitación, pero por…
Dejo de escuchar cuando subo y entro dando una patada a la puerta, sí, una entrada muy dramática.
—¡Tú! —grito y mi hermano cae al suelo sobresaltado.
—¡¿Qué mierda te pasa?! —grita fulminándome con la mirada.
—Mi auto está en medio de una puta carretera por tu culpa —le digo señalándolo—, así que mueve tu trasero hasta él y tráelo aquí. Si se daña jamás te lo vuelvo a prestar —le señalo y él alza las manos.
—¿Cómo volviste? —pregunta inspeccionándome.
—Con un chico que fue muy amable en traerme a casa —digo y salgo de su habitación entrando en la mía. Suspiro cuando veo mi habitación.
Mi mamá la ha pintado de un rosa muy chillón que me molesta. Aprovechó que estaba de vacaciones en casa de mis tíos y lo hizo. Odio este color, quería un rosado fucsia. Algo así, pero este rosado es molesto para mis ojos.
Me lanzo a la cama y miro mi techo, entonces caigo en cuenta de algo. Mi novio de verdad me monta los cuernos.
Quiero utilizar mi teléfono, pero recuerdo que se quedó en casa de este bastardo. Bueno, año nuevo en el instituto, vida nueva.
Solo desearía que ese chico vuelva a aparecer en mi vida. Muerdo mis labios, mi ex está bueno, pero ese hombre debe de ser el pecado de toda mujer.
Tocan la puerta y veo el cabello rubio de mi madre adentrarse mientras ella camina hacia mí subida en unos tacones que me hacen rodar los ojos.
—¿Pasa algo? —pregunto sentándome.
—Abajo está Will —tomo una profunda respiración, no puede ser tan bastardo de estar en mi casa.
—¿Está solo? —pregunto con una tranquilidad que me sorprende.
—Una chica está junto a él. Me tengo que ir, voy a ver si ya tienen todo preparado. Tu padre y tu hermano vienen esta noche y tengo que organizar la cena —dice y besa mi frente. Sonrío porque los extraño.
—Entiendo —se levanta y camina hasta la puerta.
—No hagas esperar a Will —dice y sale. Me pongo de pie y sonrío. Quiero ser un poco dramática hoy.