―¿Vas a enfrentarte a las pruebas del séptimo nivel? ¡Eres excepcional, Mariella! También yo sé que deben llamarme pero pienso que pasarán algunos años antes de que yo esté preparada y me llegue también la convocatoria. Mientras decía estas palabras, Anna Lory enrolló un poco de tabaco especial en dos papelillos y dio un cigarrillo a Mariella. La droga evocó en ambas la misma visión: un muro de llamas las separaba de sus madres, Nunzia y Carolina, que, avanzando hacia ellas, estaban siendo atrapadas por el fuego. Los vestidos y los cabellos se incendiaban pero los cuerpos resistían y no se estaban quemando. ―Tened cuidado con las fuerzas malignas ―eran las palabras que Nunzia decía a la hija y a la sobrina ―Para nosotras el fuego es bueno y su fuerza nos ha trasladado a un templo excepci

