Capítulo 7 Mientras iba hacia el distribuidor automático, con la esperanza de que un vaso de café ardiendo pudiese hacer que me recuperase del sueño bruscamente interrumpido, me topé con Mauro ya en pie, que trabajaba absorto delante del monitor del ordenador. Inserté las monedas e hice bajar dos cafés, llegué hasta el escritorio de Mauro y le di uno. ―¿Ya en pie, inspector? ―dije apoyándole una mano sobre su poderoso hombro, al cual podía llegar gracias a su posición sentada. ―No, comisaria ―respondió con el mismo tono burlesco con el que yo le había apostrofado ―No es correcto. Diría que no he ido a dormir en absoluto. ―¿Has descubierto algo interesante, Mauro? ―Algo, sí, aunque no ha sido tan fácil como creía. Mira, he intentado acceder al ordenador de Aurora como administrador per

