Anna Lory comprendió que la bruja no se había dado cuenta del ungüento que se había extendido encima, señal de que había conseguido prepararlo a la perfección y por lo tanto no emanaba ningún olor. Anna Lory ahora tenía muchos más poderes y percepciones, al haber podido acceder también al saber del libro que debería haber permanecido prohibido para ella. Había aprendido cómo esconder sus propios pensamientos y su aura pero, sobre todo, ahora podía también penetrar en la mente de Aurora. Y sus pensamientos no eran malvados. Aceptó de buena gana también el insólito cigarrillo que la bruja, con ostentosa indiferencia, le ofrecía, tan segura estaba de que el ungüento la protegería tanto de las drogas como de la hipnosis. No fue realmente así al cien por ciento. Un cierto grado de aturdimient

