Apego terrorífico. Aún siento su tacto en mí piel, su lengua húmeda en mis pechos y su aliento en mí cuello mientras me penetraba. Nikolai era imposible de superar y no en una forma precisamente majestuosa. Peiné el cabello de Astrid. Quien dormía en mis piernas. Solo podía pensar en enloquecer al recordar a Nikolai y ver a mí hermano. Él sería capaz de matarlo y yo sería capaz de vender mí alma al diablo mil veces para vengarme. Aún tengo ese deseo de sangre por lo que le pasó a este cuerpo, a Ariadne, pero había demasiado que perder como para pensar estúpidamente tan solo en mí. Tengo ganas de eliminar a ese fastidioso príncipe aunque fuese imposible. Miré al Duque quien miraba desde el umbral de la puerta. Habían pasado pocos días, y ni siquiera pase a verlo a pesar de ser consciente

