No era importante. Tarde en aceptarlo. Lo que sea que sentía era irrelevante, el hecho era uno y es que necesitaba a Nikolai sedado como una puta bestia bajo mis pies. Con este cuerpo era imposible o mejor dicho muy peligroso, era débil aún a comparación de su poder y alcance. Era lo más cercano a dios en esta sociedad. —Asteritas, estás bien con todo lo que te pongas. Estuve bastante entretenida con las preparaciones de su ceremonia, o intente estarlo para esquivarlo tanto a él como a Nikolai. Pero fue imposible cuando me retuvo para que decidiera su ropa. Cuando vino a mí con colores oscuros estuve a punto de negarme, me recordó tanto a Asteritas que me estremecía. —¿Asteritas? No sueles llamarme así, hace mucho tiempo no escucho ese nombre. Solo me di cuenta de mi error cuando él l

