Abandono. Nunca había conocido gloria tal como la que experimenté esa noche. El suave y mullido colchón era tan esponjoso como una nube, el leve aroma que desprendía Su Alteza era dulce y encantador como tan solo ella. Quería mantener la distancia para protegerla de algo tan sucio, que su blanco no se manche de oscuridad, pero en un momento nuestros cuerpos se juntaron. Tan suave, pequeña y delicada, mí cuerpo aunque delgado seguía pudiendo cubrir el suyo. Las hebras de su cabello blanco platino eran como hilos de plata de textura sedosa como la piel blanca que poseía. Sus largas y frondosas pestañas descansaban en sus mejillas ligeramente rosadas. Miré sus manos, eran suaves y de apariencia blanda, hasta sus dedos que eran delgados y cortos. Acerque mí mano delgada y de apariencia enfer

