Inocencia. Sus ojos eran como las joyas de diamantes más cristalinos que existían, su cabello plata brillaba preciosamenre iluminado por su poder sagrado. Tenía un rostro angelical digno de una santa que podría hacer caer imperios. La imagen de su tierno rostro no me dejó dormir. Mí madre había hablado inumerables veces de como quería conocer a la santa que la había salvado de pronto, pero la princesa se había encerrado días. No me imaginaba que una niña como ella fuese a matar a tantos hombres con un simple movimiento de manos. —Esta distraído, Su Alteza. Damián sostenía una espada en dirección a los guardias apresados en ese viejo bosque. Desenfunde la mía sin pensarlo dos veces. Makaria había mandado a matar a mí madre y la princesa la había salvado. Pudo haberla dejado morir para vo

