Me levanto por el brillo de la luz solar y aquel canto celestial de las aves al volar. Hacía tiempo que no dormía también, desde que me entere que me casaría. Mis ojos están cautivos por la hermosura de mi esposo, su cabello n***o esta revuelto, algunos mechones caen en su frente dándole un toque de inocencia he invulnerabilidad. Me sorprendo un poco al ver unos tatuajes en su cuerpo, mayormente los hombre de nuestra religión no suelen hacer ese tipo de cosas, aunque en él se ve demasiado diferente. Los tatuajes lo hacen ver un poco más duro, más serio y mucho más misterioso. Por alguna razón no quería levantarme, su calor me hacía también, que incluso desearía dormir todas las noches abrazada a él. Me levanto un poco adolorida por la entretenida noche, “ya no era virgen, selim me había

