Punto de vista de Maximilian. —Leyla, ¿cómo está Elena? —pregunté, deteniéndome frente al puesto de Leyla. —¡Mal! ¡Fatal! Pero la señora Rosa le preparó un té y parece que se calmó. Ahora mismo estoy enterrada en presupuestos, pero como la dejé con un montón de planos por revisar y no escuché más llantos, no he querido interrumpirla —me respondió Leyla sin levantar la vista de la pantalla. —Voy a hablar con ella. Necesito que entienda por qué estoy aceptando este desastre —dije, encaminándome hacia el despacho de Elena. —Max, no la agobies más. No sé si lo que vas a hacer tiene una justificación real —me advirti

