Punto de vista de Elena Llegué al edificio de Maximilian y, por un segundo, me quedé sin aliento frente a la fachada. Era una estructura imponente, una oda a la arquitectura moderna que combinaba acero, cristal y una sobriedad que gritaba poder. Me identifiqué en la recepción y el portero, con una cortesía impecable, me indicó el acceso al elevador privado. Mientras subía, no pude evitar repasar mentalmente la "estrategia de seducción" que Sofía me había ayudado a trazar la noche anterior. Ella me había convencido de usar un vestido en color ámbar vibrante, casi anaranjado, que contrastaba de forma salvaje con mi piel y mis ojos avellana. El corte era minimalista: escote cuadrado, tirantes anchos y un largo hasta la rodilla, pero con dos aberturas laterales que, al sentarme, revelaban mu

