—Me llamo Leyla —respondió ella, y él le besó la mano sin dejar de sonreírle. Sofía y yo rodamos los ojos al unísono. Oscar era, sin duda, un hombre guapo. Tenía ese aire bohemio y sofisticado, con el cabello rubio algo largo que solía apartarse del rostro con un gesto ensayado, hombros anchos y una mirada verde que siempre parecía estar tramando algo. Tenía la misma edad que Maximilian y Oliver, pero era mucho más despreocupado. No perdió ni un segundo. —Leyla, tienes un gusto exquisito —continuó él, evaluándola de arriba abajo—. Si tuvieras que elegir una pieza de esta tienda para ti, para una noche especial, ¿cuál sería? Leyla, que era una morena imponente de cabello rizado y ojos almendrados, le devolvió la mirada con una ceja levantada. —¿Acaso el señor está buscando un regalo par

