Punto de vista de Maximilian Media hora después, entraba en la residencia de Oliver, con la mandíbula apretada y un humor que rivalizaba con el cielo previo a una tormenta. Estaba furioso por haber permitido que la inestabilidad interna de la corporación llegara al punto de golpear lo que más amaba, y me hervía la sangre por haber tenido que dejar a Elena después de ese momento de cercanía para asistir a una reunión de emergencia. —Siento haber interrumpido tu noche, Maximilian, pero no podíamos posponerlo. Necesitamos trazar el plan de acción de inmediato —dijo Ricardo Montoya a modo de saludo. —Está bien, Ricardo. Solo quiero que esta pesadilla termine. Quiero barrer a los traidores de mi compañía y recuperar la paz con Elena —respondí, dejándome caer en un sillón, agotado—. Pero dim

