Punto de vista de Elena Caminamos tres cuadras y entramos al restaurante. Como habíamos acordado, Leandro y sus amigos ya estaban instalados. Formaban un grupo que resaltaba en el salón; todos tenían ese porte de seguridad típico de quienes manejan grandes proyectos. Al vernos, se levantaron con sonrisas que iluminaron el lugar. —Ustedes saben que son las mujeres más hermosas que han pisado este lugar jamás. Y eso incluye a Laura y Leyla también —dijo Martin, saludándonos con besos en la mejilla. Nos sentamos e hicimos los pedidos. Leandro y sus amigos eran realmente encantadores. Estábamos riendo de una anécdota sobre una cimentación fallida que Leandro contaba, cuando él tocó mi mano con sutileza y se acercó a mi oído, bajando la voz con una sonrisa muy sugerente. —No mires ahora, l

