Punto de vista de Elena Cuando llegamos al karaoke, el lugar vibraba con una energía arrolladora. Leandro dio nuestros nombres en la entrada y un chico del equipo del bar nos condujo de inmediato a una mesa preferencial cerca del escenario, llamando a un mesero para atendernos sin demora. Nos acomodamos y pedimos las primeras rondas. Había una pareja en el escenario cantando de forma bastante cuestionable, pero el público estaba tan entregado que todos los animaban como si fueran estrellas de rock. La atmósfera era perfecta: luces bajas, una banda que sonaba de maravilla y un ambiente relajado donde nadie juzgaba a nadie. Apenas nos sentamos, Amelia se inscribió en la lista y nos obligó a todas a hacer lo mismo. Cuando me tocó el turno, intenté ganar tiempo diciendo que no sabía qué tem

