Punto de vista de Elena. El viaje a su apartamento fue un poema de calma. Maximilian, con su mano firme sobre mi rodilla, solo la apartaba para dejar un beso fugaz, mantuvo un silencio absoluto. Me sorprendió, porque en el restaurante sus ojos, esos ojos gris tormenta, brillaron con una intensidad deslumbrante. En la cochera, desabrochó mi cinturón, abrió la puerta y me ayudó a bajar. Me rodeó con sus brazos por la cintura, atrayéndome hacia él. Caminamos despacio, sin prisa, hasta el ascensor. El silencio seguía siendo nuestro cómplice. Ya en su espacio, me pidió que esperara mientras buscaba un plato y cubiertos para la tarta. Regresó con una porción de tarta, dos tenedores y un frasco de salsa de chocolate. Me tomó de la mano y me guio hacia la terraza. ¡Espectacular! Una vista impr

