—¡Al menos aquí estamos a salvo de las apariencias! —exclamó Oscar brindando. El ambiente era sofisticado, lleno de mujeres hermosas y música que ayudaba a olvidar el caos de la constructora. Conversamos sobre proyectos futuros y disfrutamos de la calma. Al final de la velada, todavía me sentía inquieto. Necesitaba apagar el ruido en mi cabeza, la imagen de Elena con Leandro y la voz de Alessia reclamando un lugar que no le pertenecía. Acabé saliendo de allí con una de las chicas que conocía de antes; necesitaba cualquier cosa que me hiciera olvidar, aunque fuera por unas horas, que mi vida se estaba derrumbando bajo el peso de mi propio apellido. *** Al día siguiente, apenas me instalé en mi despacho para revisar los informes de avance de obra, el teléfono interno sonó. Contesté y escu

