Punto de vista de Maximilian. Me senté, activé el altavoz y la voz de Marco Antonio estalló en la oficina como una interferencia en un plano perfecto. —Maximilian, ¿qué demonios es eso de remodelar el piso de finanzas sin mi autorización? —Baja el tono, Velez —respondí con una frialdad glacial—. No soy tu subordinado para que me estés gritando, soy tu jefe. ¡Y no necesito tu autorización para hacer lo que quiera en mi propia constructora! —Esto es una falta de respeto —siseó él, se notaba que estaba conteniéndose—. Acababa de salir del edificio cuando recibí un mensaje de Valerie informando que a partir del lunes Finanzas operará en el piso dieciséis. ¡Es un absurdo que compartamos planta con otro departamento! Intenté volver para hablar contigo, pero el elevador ni siquiera se detiene

