Punto de vista de Maximilian. No pude dormir. Pasé la noche caminando de un extremo a otro de mi apartamento, con la mirada perdida en las luces de Astoria que se reflejaban en los ventanales, pero con la mente fija en el rostro febril de aquel niño y en la fortaleza inquebrantable de su madre. A las cinco de la mañana, la tensión era tal que bajé al gimnasio del edificio; necesitaba liberar la adrenalina golpeando el saco hasta que mis nudillos protestaran. A las siete ya estaba en la Corporación Von Stein. Aproveché la soledad de la oficina para llamar a Ricardo Montoya. Sabía que era un hombre de hábitos rígidos que empezaba a trabajar antes de que saliera el sol, así que no me importó la hora. Conversamos largo rato sobre la estrategia de infiltración para la auditoría. Se puso genui

