—Buenos días, Elena. ¿Todo en orden? —Valerie entró a la oficina con una sonrisa radiante, dejando su bolso de piel de cocodrilo sobre el aparador antes de mirarme. —Buenos días, Valerie. Todo listo para la transición. ¿Y usted? —Estaba de pie, organizando los folios del reporte técnico de Nebula. Cuando me giré, la vi quedarse estática, con la misma expresión de asombro que Sofía y la vendedora en la boutique. Llevaba puesto mi vestido de seda azul claro, los tacones de doce centímetros con la rosa plateada y, bajo la tela, esa lencería de encaje que me hacía sentir como si ocultara un secreto peligroso. Había recogido mi cabello en un moño bajo, pulcro, dejando que mis ojos destacaran tras un maquillaje minimalista pero costoso. —Elena Castillo... ¡pareces salida de la portada de Arch

